Navegar a ésa velocidad sobre el agua, sin otro ruído que el del foil atravesándo el agua, equilibrándo el empuje con una escota en una mano el timón en la otra, y contrapesándo con tu peso tiene que ser una sensación magnífica.
Cuándo era joven tuve durante varios años un Fliying Duchman, y los momentos de gloria de planeadas rozándo las crestas de las olas a veinte nudos ya no se te olvidan en la vida.
Después de lo que ha habido que aguantar con las motos acuáticas en los fondeaderos hasta que se les ha pedido titulación, y hasta que el precio de la gasolina las ha convertido en trituradoras de billetes, me parece una ironía afirmar que un tipo de navegación tan espectacular pueda ser considerado una molestia. Es una opinión.
Saludos
