He asistido un par de veces a la salida de La Ruta del Ron en Saint Malò, a principios de Noviembre, con frío considerable y chubascos. En la bahía había más de nueve mil veleros, muchos de ellos habían cruzado desde Inglaterra.
Para ver pasar la regata desde la boya de desmarque en Cap Frehel había que andar a pie unos quince kilómetros desde Dinard, con vehículos aparcados en todo el recorrido.En las laderas del cabo había el ambiente de un Barça Madrid.
Para poder salir del puerto viejo, (que se cierra con esclusas),antes de la bajamar, tuvimos que pasar la esclusa a las siete de la mañana, negra noche, y con niebla cerrada. Había ya en el puerto centenares de personas vitoreando a los participantes pese a que la salida era cinco horas más tarde.
En la bahía, aparte de un bosque interminable de mástiles había un par de cruceros turísticos fletados para la ocasión...
Encontrándose con más barcos de los que hay en nuestro país todos juntos, con una estampa como la que nos muestra Rom sobre la Barcolana es una experiencia inolvidable, y despedir a un amigo participánte algo muy emotivo.
La vela en Europa es otro mundo. En nuestro país, con un clima envidiable en invierno los barcos quedan abandonados en su amarre en su gran mayoría.
Saludos
