En el último número de Voiles et Voiliers, Alain Delord explica todos los detalles del naufragio.
Algo dantesco.
El jueves 17 de enero Alain Delord estaba corriendo el temporal a palo seco, con un barco embalado a 13 nudos en 60 nudos de viento y una mar enfurecida. Explica que cuando fue al palo para asegurar su mayor sueca, tuvo que volver a la bañera a cuatro patas, por la fuerza del viento que no le dejaba estar de pie. Imposible tampoco aguantar en la bañera, se refugia dentro. El barco se tumba con cada golpe de viento. Al cuarto, cuando el barco vuelve a adrizarse, Alain se da cuenta de que ha perdido el palo. En ese momento llama a su mujer, para explicarle que había roto el palo. No le entra pánico, piensa que con los trozos que quedan puede montar un aparejo de fortuna que le permitirá subir hasta Hobart.
Como estima que los trozos del palo al agua no amenazan con perforar el casco y que fuera las condiciones siguen durísimas, se queda dentro.
En ese momento (viernes 18 a las 07.00 hora local), el AMSA (Australian Maritime Safety Authority) lo contacta por Iridium. Alain Delord declara que no necesita asistencia.
Pero el problema llegará por lo que sigue en pie del palo. Está también roto por debajo de cubierta y este trozo que atraviesa el techo hace palanca con cada golpe de mar. Mientras Alain está ocupado en poner orden al interior de la cabina hecha un cisco, ese trozo no para no moverse, chirriar y reventar cada vez un poco más la cubierta. Por allí empieza a entrarle el agua. Cuando por fin decide subir a cubierta, es demasiado tarde. Al siguiente vuelco, entra el agua a raudales por la cabina. El desorden es indescriptible.
Con agua hasta la cintura, Alain toma la decisión de evacuar el barco.
Tira la balsa al mar, agarra un bidón donde tiene cuatro cosas (Iridium, GPS, VHF y radiobalisa) y su traje de supervivencia TPS. Pero no le da tiempo de llevarse nada más, tiene que embarcar precipitadamente, ya que
el cabo que une la balsa al barco se le ha enredado en el eólico roto y el hidrogenerador y teme que se le pinche la balsa al golpear contra los hierros...
Se va sin su "grab bag", la bolsa donde tenía el agua y la comida.
Cuenta Alain Delord:
"Antes de organizarme, ya había volcado cinco veces. Cinco veces nadando, con el traje de aguas, las botas y el chaleco, en un agua a 9ºC. Cuando la balsa volcó por segunda vez, perdí mi traje de supervivencia. La tercera, se rompió el arco y se hacen dos agujeros en la tela del toldo. La quinta vez, ya pienso que no tendré la fuerza suficiente para izarme sobre los flotadores.
Paso toda la noche intentando compensar las olas, haciendo equilibrio. Hay una especie de cabo, con una anilla, que tiene que servir de ancla flotante, pero que se queda enganchado por debajo de la balsa y no se ha abierto. Buscando en el pequeño contenedor que heredé del antiguo propietario, encuentro una ancla flotante. En cuanto la instalo, noto que la balsa se vuelve estable".
Lo rescatarán 56 horas después.....
Para meditarlo un rato... y sacar algunas conclusiones...