Antaño, para desinsectar y desratizar, se quemaba azufre en el interior del barco. Eso garantizaba la exterminación de cualquier parásito.
Para ello es suficiente comprar azufre en polvo (algunas farmacias) ponerlo en un plato resitente al calor (por ejemplo un Pirex) y arrimarle una cerilla. El azufre arde con una llama azul casi invisible, pero si no hay corriente de aire, no se apaga. Solo hacen falta unos cien o ciento cincuenta gramos. Previamente habremos cerrado el barco a cal y canto, tapando inclusive los aireadores si los tienes.
Una vez prendido fuego el azufre, sal zumbando y déjalo actuar durante 24 horas.
Luego abre el barco. Ventílalo bien y se acabó el problema. No quedará ni una araña viva (y, de paso, si también se te ha metido alguna cucaracha, caerá seguro

)