Quien pueda ser capaz de dudar sobre el caracter fortuíto y accidental de una situación como la descrita, en la que corren grave peligro cuatro vidas humanas, los hechos ocurren a veinte millas de la costa, con marejada, en época de escaso tráfico, con la temperatura del agua en las mediciones más frías del año, me temo que entiende más de sofás caseros que de mar!
Celebro sinceramente el éxito del salvamento y comprendo perfectamente la angustia de la larguísima hora de aproximación al lugar de los tripulantes del catamarán, cuya actitud es digna del mayor reconocimiento.
Un brindis para ellos, para los tripulántes del Salvamar, una vez más providenciales, y por supuesto para los triùlántes rescatados.
Saludos

