Yo también pienso que nos mareamos todos. En mayor o menor medida, en una u otra situación, pero todos nos mareamos.
No obstante, un compañero de travesía me dejó alucinado. Subíamos por la costa portuguesa. Viento y ola de frente. Marejada. El barco, dando pantocazos y bailando. Yo, al timón interior. Él se sienta en el salón de la cabina y se pone a leer un libro como si tal cosa. Estuvo más de una hora. Acomodaba el movimiento de sus hombros a los de la embarcación. Yo le miraba y me mareaba sólo de pensarlo. Pasa un rato y me releva al timón. Luego, otra vez a leer.

Y así durante varios días.
Es la excepción que confirma la regla
