Cada hombre huye de su propio yo;
aunque de sí, en efecto, no tiene poder
para escapar; se adhiere a él a despecho de sí mismo,
y lo aborrece también, porque, aunque esté enfermo,
no percibe la causa de su malestar.
por lo cual, si pudiera comprenderlo acertadamente,
dejará todas las cosas a un lado y primero
estudiará para aprender la naturaleza del mundo,
puesto que nuestro estado durante el tiempo eterno,
no por una simple hora que esté en duda,
tendrá que pasar adonde los mortales están
todo el tiempo que les aguarda después de morir.
