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Antiguo 12-05-2013, 10:35
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aaledo aaledo esta desconectado
Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Pongamos que tenemos la posibilidad de partir...

Hola Offthewall.

He seguido el hilo con interés y hasta ahora no he intervenido porque no me gusta hablar por hablar, y otros que saben más que yo te han dado sus opiniones. Pero sólo estáis hablando de aspectos legales, impositivos, abanderamiento, tipo de barco, inversiones, etc. Yo, como soy pediatra, voy a introducir el tema de los hijos.

Creo que no has dicho sus edades. Siempre se habla de los hijos de los navegantes cuando se han embarcado desde pequeñitos, una época en la que no conocen otra cosa y el barco es el único mundo conocido. Parejas recién formadas que comparten un sueño, son felices (por sus edades, el amor, el proyecto común, etc.) y en ese universo de felicidad vienen los hijos. La escolarización y las opciones profesionales no se plantean, no renuncian a nada (no conocen otro mundo) y cuando llegan a la adolescencia normalmente los padres ya están buscando dónde establecerse, si no lo han hecho ya. La vida en el barco queda como un dulce recuerdo de la infancia, pero en la adolescencia vuelven a tener a su alcance otras posibilidades.

Muy distinto es embarcar en esa vida a adolescentes, cuyo principal objetivo es la socialización y, te guste o no, independizarse psicológica y materialmente de los padres. Que necesitan una parcela de intimidad, de aislamiento, que no tienen en el barco. Convivir y compartir sus cositas con otros de su edad que se interesen por lo mismo. Pero semanas, meses, años, conviviendo las 24 horas con los padres, en un espacio donde se oye todo (las discusiones, las intimidades, el sexo, las dudas de la pareja...)... Son chicos y chicas que necesitan encontrar su propia pareja, y vivir a bordo cambiando de destino cada pocas semanas lo hace imposible.

En el número de octubre dde 2003 de la revista Voiles et Voiliers (que puedes conseguir en Price Minister (http://www.priceminister.com/s/voiles+et+voiliers+392) por 0,90 €) hicieron un reportaje entrevistando unos años después, en la vida adulta, a personas que pasaron su infancia a bordo. Es de lectura obligada. Resumiendo, se dan los dos extremos: los que lo recuerdan llenos de felicidad, y llenos de odio. Entre los primeros se repiten todos los tópicos que hemos escuchado muchas veces. Pero entre los segundos se oyen graves reproches a padres que les embarcaron en un sueño que no era compartido (a veces ni siquiera por la mujer). Fíjate lo que dice uno que estuvo embarcado de los 8 a los 15 años:

“...una melancolía terrible... No tenía ningún control sobre mi destino. Mi padre era el dueño a bordo, iba donde él quería, es decir, a ninguna parte... Al principio era fantástico, la degradación sobrevino poco a poco. Cuatro o cinco días de lluvia en los trópicos, el capitán con dolor de muelas, de un humor masacrante... Mi madre abandonó el barco un año después, no pudo soportarlo. Después mi padre tuvo varios asuntos sentimentales a la vez, era muy difícil. Al cabo de tres travesías atlánticas las relaciones acabaron por convertirse en las de un negrero con sus esclavos... Y él pretendía hacernos comprender que estábamos viviendo algo maravilloso... Cuando tocábamos tierra, la tocábamos, eso era todo. Nos hemos cruzado con familias que se instalaban en algún sitio un año, y me daban envidia. Hasta los 12 años lo soportaba, tenía a mi hermana. Después no era suficiente... Me aislaba en mi camarote, que cerraba con llave. En el barco se adoptan enseguida comportamientos autistas, podía permanecer varios días sin hablar. Mi madre venía a visitarnos al barco de tiempo en tiempo pero a veces yo la esquivaba.

¿Aquello era una buena solución o una fuga perpetua, insensata?. Con mi hermana, nos quejábamos cada vez que abandonábamos un puerto pero a mi padre se la sudaba. El tenia un periplo que recorrer, se buscaba a sí mismo... A partir de Indonesia se acabó, todo me horrorizaba, mi padre, la vida a bordo, el olor de mi cama... Y se dio cuenta. Nuestra separación fue vivida como un fracaso por mi padre, como una liberación para mí...”

Cuando se tiene una familia hay que tener en cuenta a todos, y con sinceridad, porque a veces el amor te hace transigir con algo que sinceramente no deseas. Y no se te olvide que muchas parejas se rompen en estos viajes.

A lo anterior me permito añadir que si vuestra única experiencia de navegación son embarques de 2-3 días, en mi modesta opinión os estáis precipitando.

Alvaro.

Si quieres conocer nuestra experiencia de la vuelta a España en un velero de 6 metros: http://cortomaltes2012.blogspot.com.es

Editado por aaledo en 12-05-2013 a las 13:14.
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bote-gin (12-05-2013), martiniut (12-05-2013), offthewall (13-05-2013)