Originalmente publicado por maquians
Estimados cofrades, a estas horas de la noche y cuando ya han pasado unas horas desde este triste suceso , me apetece hacer una reflexión tranquila sobre este tema.
Todo el mundo se apunta ahora al carro del fatalismo, pero no hay que ser ningún lince, para saber que cuando vas en un barco de vela a más de 25 kn. de velocidad, ya hay que empezar a preocuparse un poquito de uno mismo, y ponerse casco, chaleco, arnés y todo lo que se tercie.
Los tripulantes de estos barcos, que por otra parte son los mejores del mundo a todos los niveles, esto ya lo sabían, y se entrenaban para ello. Sabían que en cualquier cata el momento “muy peligroso” es cuando hay que arribar. Al abrir velas los catas pinchan y vuelcan por proa, y la caída es como tirarse de un trampolín de más de 10 mts. de altura Es un riesgo que conocían, asumían, y entrenaban, por no hablar del de las hipotéticas roturas, que con las tensiones que hay en estos trastos, pueden producir graves lesiones.
Lo de clavar las proas al arribar, cofrade Vent, es lógico, y si no quieres que las claven, reduce superficie vélica, o alarga la eslora, pero si así lo haces, solo conseguirás zuecos, y para eso ya estaban los “12 M”.
Dicen que el fallo fue estructural… Yo tuve la suerte de estrenar algún barco de regatas, y os puedo decir que alguna vez vi como los reenvíos de las escotas corrían por cubierta, y como algún winche volaba en un pantocazo.
Si hoy en día, tuviese que lidiar con aquellas escotas de cable de acero de 10 mm de diámetro, quizás me lo pensaría muy mucho.
A estos niveles tecnológicos, la ingeniería a veces no es capaz de hilar tan fino, y solo vale lo de la prueba y error. El peso importa, y por eso todo va tan al límite, y cuando las cosas van así, se producen accidentes. Y si no os lo creéis repasemos la historia de la aviación.
Tampoco estoy de acuerdo con Pedro Sardina, a quien por otra parte respeto mucho, en lo de que “estos barcos son la antítesis de la vela”. Yo creo que simplemente son inviables ahora mismo, con esta crisis que nos rodea. Sin embrago, sus hermanos pequeños, los AC 45 ya parecen fiables, competitivos, y espectaculares, que es lo que se pretende: un espectáculo popular y de masas, que creo por otra parte, que la vela nunca conseguirá.
Perdonadme por esta paliza, pero no quiero que se malinterpreten mis palabras, y ya se que estamos hablando de un deporte, pero quizás el fallecimiento de Andrew Simpson sea el peaje, un caro peaje, que el hombre tiene que pagar en su carrera tecnológica.
Tomaros una copa conmigo por la memoria de Andrew.
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