Apoyado en la barra del bar, con un vino en la mano, le contaba al camarero:
- Ufff, menos mal que me he venido, que si no la mato. Vamos, que le he echado una bronca gorda, la he cogido por el pelo, le he hecho así y asao y se ha enterado de quién soy yo. Porque yo soy muy hombre, pero que muy hombre...
Y en esto que llega el hijo pequeño y le dice:
- Papá, mamá dice que ya puedes volver a casa, que no te va a pegar más.


