El año pasado dimos la vuelta a España en un velero de menos de 7 metros (un Tonic 23) volviendo al Cantábrico por el Canal de Midi, que atraviesa Francia, y de paso remontamos el Guadiana y el Guadalquivir:
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En las entradas del blog de finales de junio de 2012 puedes ver nuestras aventuras y desventuras en ambos ríos. La navegación fluvial fué de lo mejor del viaje, pero las desembocaduras lo peor. En el Guadiana vimos muchos veleros fondeados en mitad del río invernando. En el Guadalquivir ninguno, porque tiene tráfico de mercante y hay que dejar libre la canal. Además con las crecidas hay muchas posibilidades de que garree el fondeo y se te vaya el barco, tanto por la fuerza del río como por la cantidad de ramas y árboles que arrastra. No me parece buena idea, la verdad.