8, 9 y 10 de Junio
Bueeeeeeno, pues al fin nos ponemos en marcha.
El día ocho tuvimos boda (de esas de no poder evitar

). El nueve salíamos hacia Aguadulce en mi “Ciriaca” (un Chrysler Grand Voyager con más años que el canalillo) cargados con las provisiones necesarias (e innecesarias

) para nuestra “gran travesía”.
Llegábamos a las 18:30 y nos dedicamos a estibar lo transportado. Una cenita de lasaña (hecha por mi almiranta en el “Infienno”, sustituyendo la pasta por filloas) acompañados por Polen y Nanoelcapi. Por supuesto en la bañera. Para eso habíamos llegado a donde vive el sol. Unas copichuelas para terminar, con chocolatines al café, y a dormir.
Al día siguiente, cuando nuestros bodys lo marcaron, nos levantamos. Actué un poco de taxista llevando a Polen al ambulatorio. Tenía revisión y así le evité un par de horas de autobús. Recibí mi premio en forma de una cantidad desmesurada de tomates (de esos que saben a tomate) que me regaló su padre

. Hice un poco de compra y, a eso de las 13:30 desamarramos para ir a poner gasoil. A las 14:05 salíamos por la bocana rumbo a la ensenada de los Genoveses.
Por una vez, y sin que sirva de precedente, el viento era favorable. Tuvimos un SSW F3 a F4 que nos permitió quitar motor enseguida y navegar en silencio hasta el cabo de Gata. Casi delicioso. Lo de “casi” es porque los últimos días habían sido de un poniente fuerte y quedaba algo de mar de fondo que nos venía prácticamente de través. Las cosas “se colocaron” en su sitio, ayudadas sobre todo por el balanceo impertinente de “las marías”. Tanto así que, en un momento en que había bajado a echar una siestecita, casi me pegué un palo al caerme desde el sofá del salón al suelo. En fin, cosas de la mar.
Tomamos unos picoteos varios, porque la cocina se balanceaba un tanto incómodamente. Doblamos el cabo y el viento…”al carallo”. Motorilo y hasta los Genoveses. A eso de las 17:15 llegábamos al sitio. Había otros tres barcos. Un enooooorme catamarán, un 50 pies y un 40. Nos ponemos a fondear.
Observamos una motora que se acerca a los barcos fondeados mientras echamos el hierro. Se nos acerca y nos da la “grata noticia” de que van a estar rodando durante toda la noche una escena en la que participan motoras ruidosas, motos de agua, focos incandescentes y otras maravillas por el estilo. Total una maravilla.

Nos dicen que tienen permiso y que la Heineken va a estar presente. No está prohibido quedarse, pero ante tan halagüeño panorama decidimos movernos a la ensenada de San José. ¡Oh maravilla!. Cuando intento levantar el fondeo, el molinete dice… que no.

Se me ha bloqueado.
Jurando en chino, caldeo, tagalo, arameo y demás idiomas digo a Alejandro que de un poco avante y tiro “a pelo” de la cadena (25 metros de 10 mm). Este cura está fuerte “etoavía” y consigue levantar el ancla. Puestos en marcha discutimos que hacer. Garrucha está a seis horas. En San José nunca hay sitio para un 40 pies. El molinete tiene muy mala pinta y nuestra intención es estar fondeados la mayor parte de las veces… Total, que decidimos volver a Aguadulce. Llamo a Nanoelcapi. Se lo cuento y quedamos para intentar un arreglo al día siguiente.
El regreso muy tranquilo. El viento había caído, el mar también y en menos de cuatro horas entrábamos de nuevo al puerto. Por el camino cenamos una buena tortilla de chorizo picantito, con huevos de gallinas “libres” (de esas que corretean comiendo lombrices y caca) que nos supo de maravilla, regado por supuesto con buen vino de Cigales. A las 12:01 estábamos amarrados y con ganas de dormir, cosa que hicimos rápidamente.
Mañana más.
