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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: El BAHIA LAS ISLAS en su vuelta por el mundo

La isla de L’Ouessant nos ha transportado a un contexto de leyenda que te envuelve, incluso el ambiente neblinoso de la meteorología bretona que sobrellevamos estos días, escenifica el marco apropiado para dejar volar la imaginación de como tuvieron que ser estas costas cuando la navegación sin las actuales tecnologías era cosa del buen hacer marinero, la sabiduría ancestral y las encomiendas al altísimo. No como ahora, teclear en un ordenador todo tipo de información, que aderezada con un poco de sentido común “et voila” ahí tiene usted un marino.

Bueno, dejando un poco de lado lo pequeños que nos sentimos en esta esquina del fin del mundo francés, al día siguiente disponemos la salida hacia el este, Fermín ha calculado cuando la corriente de marea se pone favorable y ésta no se produce hasta después de mediodía, así que tranquilidad, preparo un buen cocido de garbanzos con sus “sacramentos” (qué buena idea haber comprado una envasadora al vacío, que me permita conservar ciertos alimentos por periodos prolongados de tiempo sin necesidad de congelación) y sin más preámbulos, con el buche lleno, abandonamos el abrigo.

Hoy la meteo es mucho más benigna que cuando llegamos, cosa que nos permite tomar unas buenas fotos acercándonos prácticamente a la base del viejo faro de La Joument. En sus muros se aprecian con gran profusión las cicatrices producidas por los embates de la mar embravecida. Ahora, navegando como en una laguna tomamos rumbo noreste por el canal de Fromveur, que separa L’Ouessant de la gran extensión de bajíos que tenemos por estribor, en cuya restinga más al norte hace guardia como un centinela otro de los grandes, el faro de Kereón. Hacemos las fotos correspondientes para el recuerdo, un poco distantes, por no perder la línea recta a nuestro destino.

A partir de esta zona sabemos que la corriente de marea se acelera, pero es estremecedor ver como el GPS minuto a minuto va aumentando los dígitos. Si en la corredera venimos leyendo unos constantes cinco nudos, el satélite va indicando sucesivamente, 8, 9, 10, 11 y 12,3 nudos ¡Una corriente de 7,3 nudos! Como para tomarla a la contra, ni a motor conseguiríamos remontarla. La consecuencia de tal marea son unos remolinos gigantescos, el Bahía las Islas con sus diez toneladas de desplazamiento, es zarandeado como un barquito de papel en medio de un rio, pero una vez atravesado el estrecho todo vuelve a la normalidad y la corriente se normaliza de nuevo en torno a los 3 nudos hacia el Noreste, llevándonos en volandas hacia nuestro destino, el puerto de Saint Antoine, dentro de la ría de L’Abre Wrac’h (que complicados son los nombres bretones).

Unas millas antes nos desviamos un poco, hacia la costa, para mostrar pleitesía al tercero de los grandes de la zona, el faro de Le Four, parecen unos angelitos en medio de bonanza marina, pero innumerables fotos, en las tiendas de recuerdos, demuestran la extremada virulencia de los elementos en días de tormenta.
Un poco más al norte de la entrada a la ría de L’Abre Wrac’h, protegiendo toda la zona de bajos que rodean la zona, se yergue el también mítico faro de La Vierge, lo vemos en la lejanía, a unas tres millas, pero comprobamos por nosotros mismos su merecida fama de ser el más alto de todos los faros bretones, ubicado sobre una pequeña islita y no tan expuesto a las inclemencias de la mar.

Penetramos por la bien señalizada ría, prácticamente a la vez que unos cuantos barcos en demanda de abrigo, es increíble que en el mes de Junio todas las plazas para transeúntes de la marina estén ocupadas, incluso en el pantalán exterior algunos veleros están abarloados. Como no me place eso de andar pasando por la cubierta de otros barcos, tomamos una de las pocas boyas libres que hay en el exterior. No nos cuesta mucho desembarcar en el dinghy, aunque menos me ha gustado pagar por la boya 25€, solo cinco menos de lo que cuesta el pantalán con todos los servicios .

La intención era en un principio navegar lo más posible al este, incluso llegar a Saint Maló, siempre pensando que las vacaciones de Fermín son efímeras, ya que en seis días tiene que coger un tren de vuelta a casa. Navegar por estos lares es ocupar un buen tiempo en analizar singladuras para las recaladas diarias, meteorología, mareas y corrientes, así que la previsión de la entrada de una borrasca para los próximos días nos trastoca bastante los planes, complicando el regreso para arribar a Duarnenez a tiempo de que mi amigo tome el tren, si seguimos hacia el este, así que decidimos no tentar la suerte y regresar a la zona de Brest al día siguiente, antes de la llegada del tiempo tormentoso.

La decisión ha sido acertada, porque la navegación de vuelta ha sido mucho más placentera de lo que señalaba la previsión, además hemos regresado por un lugar diferente, el canal de Le Four, al que con día más claro hemos podido fotografiar con más claridad, dejando toda la zona de arrecifes de nuevo por estribor, cerrando el círculo de haberlos rodeado por completo. Pero aquí uno no puede recrearse con un bonito día de vela, las horas de la marea son inexorables cuando quieres ir de un lugar a otro. Si queremos alcanzar la Punta de Saint Mathieu, como hemos previsto, distante 22 millas, con la corriente portante, debemos navegarlas en 3 horas, pero el viento no ha sido todo lo favorable que hubiésemos deseado, siendo necesario realizar algunos bordos y aunque navegamos a 8 nudos la media sale a escasos 6, así que las últimas millas al cabo, no ha habido más remedio que hacer trabajar el Volvo y aun así hemos llegado con media hora de retraso, cuando la corriente ya se nos estaba poniendo en contra a 2 nudos, eso sí, al otro lado del cabo de nuevo favorable, esto es un sin vivir, pero nos gusta horrores.

Penetramos de nuevo en la Bahía de Brest y en vez de ir a puerto decidimos fondear en la protegida rada de Le Fret de Crozón, al ladito mismo de donde los gabachos tienen una base de submarinos nucleares (que yuyu) pero el pueblecito es muy coqueto. Después de casi siete horas y cuarenta y siete millas navegadas, desembarcamos a tomar una cervecita en cualquier bar del puerto y sorpresa, a las 7 de la tarde todos los bares cerrados, esto es la France. Bueno, no hay problema nos la tomamos a bordo.

Al día siguiente la meteo no ha errado, sopla, llueve y ha refrescado de narices, en el barquito nos sentimos de maravilla con la calefacción a medio gas, pero no estamos dispuestos a pasar el día en blanco y aunque hayamos decidido no navegar en la mar, lo haremos en tierra, nos vamos al mercadillo de Crozón, distante cinco kms, por ver que pillamos por allí, nada, a mover un poco las piernas. Pero se nos ha ocurrido, como en los tiempos jóvenes eso de sacar el dedo con la seña característica del autoestopista y no ha costado mucho de que un matrimonio de ancianitos nos parase evitándonos la caminata. Aunque lo más rocambolesco es que de regreso hemos vuelto a las andadas y ha coincidido que pasasen de nuevo los viejecillos, vamos, que por la zona tenemos unos amigos encantadores que cada vez que nos vean tenemos asegurado el viaje.

Ya que la pesca en la mar no se nos ha dado nada bien, en el viaje al mercadillo de Crozón no ha fallado y Fermín nos ha obsequiado con una estupenda mariscada que hasta Rufino se han atusado los bigotes.
Pasado el mal tiempo, como ya no vamos a alejarnos mucho de la zona empleamos el día para recorrer navegando la enorme bahía de Brest y así echar un vistazo a otros fondeaderos, pero no habíamos contado con que el viento, más o menos constante de veinte nudos que tenemos hoy, en la estrechez del fondo de la bahía se convierten en casi treinta y ya no es gustoso navegar en esas condiciones , así que después de visitar un par de fondeaderos media vuelta y a la marina de Brest, donde ya habíamos recalado hace unos días.

Ultima singladura hasta Duarnenez, mi amigo Fermín desembarca con la sensación de que se ha hecho corta la estancia y la promesa que como cofrade del foro nos relatará su propia experiencia. A partir de ahora y durante dos semanas, el grumete Rufino y yo seguiremos por la zona intentando, si la meteo lo permite, recorrer más a fondo la zona norte antes de regresar a la parte sur bretona donde recogeré a otros amigos.

Salud


Entrada fondeadero de L'Ouessant


El fondeadero de boyas gratis


Pasamos bajo el faro de La Joument


La famosa foto de la ola en La Joument, que diferente verlo así


Navegando a más de 12 nudos


El faro de Le Four


Carta navegación con el trac del recorrido rodeando los bajos de L'Ouessant


Navegamos junto a un velero breton


En Bretaña no todo es navegar entre arrecifes


El arsenal de Brest


Navegando a Duarnenez, ultima singladura de Fermín
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Las navegaciones del Bahia de las Islas en el canal Youtube bahialasislas1
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