Esa anécdota de "suelta el muerto"... me ha recordado que en una ocasión acompañaba a mi padre en su mallorquina y al llegar al puerto, un impresionante yate había amarrado en nuestra boya. Nos acercamos, dimos una vuelta entera al barco y vimos al propietario, un tipo gordo con un puro inmenso sin quitar la vista del periódico, y a unos metros separado su aburrido marinero.
Llamamos la atención del propietario para explicarle que el muerto era nuestro, que necesitábamos amarrar, que teníamos prisa...El tipo en cuestión nos miró imperturbable por encima de sus gafas de lectura sin el menor gesto de aprobación ni de incomodo, cuándo con un vozarrón tenebroso espetó: Manolo, fuego a los dos!!!


En plena "congoja" sonó un timbre y arrancó un motor, inmediatamente un segundo timbre y los dos motores en marcha, buff! El barco soltó amarras, el del puro siguió leyendo sin despedirse ni mucho menos excusarse por las molestias, a pesar de lo que sentimos una cierta sensación de alivio e incluso simpatía por el tipo, y muy especialmente por Manolo!
Saludos
