15 de Junio
A eso de las 06:00, en pleno sueño, me despierta una música “a to zimborrio” a la que se unen varias voces, más o menos desafinadas. Son los de la p*ta película que, una vez acabado su trabajo, no comprenden que hay mucha más gente que está durmiendo en ese momento.

El vigilante nocturno del puerto les da “el queo” y, por fin a eso de las 06:40, se callan. No obstante ya me han j*dido y no me vuelvo a quedar dormido del todo. En fin, a las 10:00 me acerco a capitanía a pagar, Alejandro va a comprar pan, y salimos del puerto a las 11:45.
Fondeamos en los Genoveses. Estamos solos y el tiempo es magnífico. Una mar rizada del ENE y un vientecillo F1 a F2, también del ENE, que nos procura una temperatura estupenda. Bañito, desembarco en la playa (que ya va estando con cierta cantidad de “personá”) y preparamos la comida. Unas “salchichen mit ensaladen de tomaten, cebollen und albahaquen” y tal y cual a la que damos buena cuenta. La regamos con una botellita de “champú”

(léase cava) que nos había regalado Polen antes de salir de Aguadulce. Por cierto que las medusas (de esas morada con mala leche) ya van haciéndose notar

. La siesta estaba cantada y, posteriormente, recogemos el dingui y nos ponemos en marcha a las 18:30.
Como conocedor de la zona ya suponía que ese vientecillo iba a desaparecer en cuanto doblásemos el morrón de los Genoveses, como así fue. Total que sin izar ninguna vela seguimos a motor, empujados por ese mar de popa y un poco de viento, de forma que manteníamos unos siete nudos de media. Pasamos el cabo de Gata tan cerca que casi podíamos haberle pedido al farero (si aún lo hubiera) un poco de sal o un par de huevos. La mar plana y pocos barcos (y eso que era sábado

). Total que a las 22:15 amarrábamos en Aguadulce.
Han sido unos días estupendos, de los que he disfrutado de mi hijo y del mar. Solo por esos días ya ha merecido la pena tener un barco.
Ahora me quedaré en Aguadulce dos o tres días y volveré a salir unos cuantos más. Pero eso es ya otra historia…
