COMIDA
Esta claro que la calidad de la comida y el tiempo dedicado a ello, es proporcional al buen o mal estado de la mar. Este ha sido un capitulo de los que pero he llevado. La comodidad hacia tirar demasiado de la comida "latina" (lease enlatada) y de los sobres ni os cuento.
Los famosos atunes y sus proteinas frescas, terminaron por ser aborrecidos. Ya no sabiamos como prepararlos y el cachondeo llego a cotas insospechadas, cuando el todos los platos encontrabas al tunido. Encima yo tengo una especie de adversion a los peces pescaos por mi y entre la pena del sufrimiento del pez y el olor particular que te dejaba por todo el barco, especialmente en nevera y manos, temino por hacerme aborrecerlo, desde entonces.
La verdad es que a este capitulo no le hemos dado la importancia que tiene y creo que debiamos de haber preparado mas alimentos no precocinados (creo recordar que desayune mas de una vez Fabada), cuando habia tiempo para ello y a modo de escepción, prepare una paella en puerto con pollo azoriense y las pocas verduras que encontramos en el mercado de Terceira.
El humor de sentarse a la mesa con algo que fuera "cocina de autor", como una ensalada o garbanzos fritos o alubias con cebolla, o cualquier otra cosa que no comenzara por abrir una lata o un sobre, era mayor que en los casos contrarios.
Uno de los tripulantes es un buen cocinero y aficionado a preparar platos muy curiosos a partir de lo que haya en la despensa, pero los continuos mareos a los que le sometio el estado de la mar, lo dejaron en Ko tecnico y se dejo llevar por el abre facil.
Como digo, este es un capitulo al que voy a prestarle mas atencion para futuras travesias, ya que valoro mucho el comer bien y saludablemente.
La cerveza fue la bebida favorita y amuleto de la suerte en los peores instantes y el wisky y orujo el animador ofical de las guardias y fiestas.
