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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: El BAHIA LAS ISLAS en su vuelta por el mundo

Han pasado veinte días y ya han pasado por el bahía las Islas dos tandas de amigos, estos días han sido diferentes, el bullicio abordo ha roto la adusta tranquilidad de cuando navego solo, pero es algo que me agrada, ya que desde mi experiencia caribeña advertí que no me sentía un navegante solitario, me gusta compaginar soberbios momentos mano a mano con mi barco, con otros de relajada navegación con mis amigos.

La última singladura en solitario como ya avancé en la crónica anterior, fue al puerto de La Turballe para recoger a Iñaki, Hortensia, Aitor y Amaia.
En la primera navegada, aprovechando una floja brisa del Oeste, nos dirigimos al golfo de Morbihan, coincide la bajamar para cuando arribemos después de mediodía. Bien es sabido que para entrar en el espectacular paisaje lacustre es necesario hacerlo con la marea subiendo porque las corrientes en el estrecho paso de Port Navalo son espectaculares. Decidimos detenernos a comer amarrados a una boya en uno de los tantísimos fondeaderos que hay por todo el golfo. Pillamos una en Isla Larga, pero el tiempo está para ese día bastante revuelto y toda la tarde se la pasa lloviendo, como tampoco es cuestión, ni de visitar el paraje bajo la lluvia y menos enfundarnos los trajes de agua, decidimos permanecer amarrados y pasar allí la noche, aprovechando la marea del día siguiente para hacer una tournée entre las innumerables islas e islotes.

Al día siguiente salimos del amarre con tiempo excelente, aunque nos hemos adelantado un par de horas a la marea y de regreso aún tenemos la corriente en contra y eso no guasta mucho, especialmente en un par de puntos estrechos, que ha sido necesario ayudarse con el motor.
Por fin salimos bastante airosos navegando a vela del espectacular Morbihan, en el día de hoy la meteo ha cambiado bastante y nos ha traído viento así que nos vamos hasta Belle-Ille, cruzando por entre los bajos de La Teignouse. Navegamos a un descuartelar, a buena marcha con un rizo a la mayor, pero hemos de ceñir a rabiar para librar una de las marcas cardinales en el avieso paso de La Teignouse, una zona de innumerables naufragios a lo largo de la historia, pero que ahora, con la excelente señalización existente y la precisión de la navegación electrónica, no tiene más dificultades que prestar un poco más de atención de la habitual.

Entramos en el puerto de Le Palais, capital de la bonita isla como bien su nombre indica, Belle-Ile, me sorprende que no haya muchos barcos en las boyas de amarre, aunque todavía estamos a principio de la estación veraniega, el marinero de turno a bordo de una Zodiac nos indica la plaza en la que debemos amarrar. El viento que sigue soplando es lateral, doy las indicaciones precisas para dar una amarra por popa a la boya y por la proa al muelle, entro un poco rápido para no abatir y me encuentro que no han pasado la amarra por la anilla de la boya, doy marcha atrás a toda prisa y ¡¡cataclás!! Golpe con la proa al muelle, echo por la boquita sapos y culebras por la maniobra tan horrorosa realizada, la tripu carga la culpa al marinero que no ha pasado el cabo por la anilla, total, de malas maneras sujetamos las diez toneladas del Bahía y poco a poco lo llevamos a su sitio, una vez bien sujeto echo un vistazo a la proa y como dice Aitor antes le hacemos un agujero al muro que romper la proa, la verdad es que la parte frontal del Bahía es como un ariete y no hay ni una mella. Paseíto por el bonito pueblo y unas cervecitas antes de cenar.

Belle-Ile es visita obligada pero yo ya la he recorrido anteriormente, así que dejo a las dos parejas que se den una vuelta en por la isla en un coche alquilado y yo me dedico a mis cosas toda la mañana que está bastante brumosa, aunque a medio día empieza a despejar. Vuelven los cuatro de la excursión justo a tiempo de zamparnos una mariscada que he preparado y con las mismas dejamos el puerto rumbo a la isla de Houat, brisa de través y en poco más de dos horas echamos el ancla en las espaciosa playa de Gourhet, desembarco y paseíto por el pintoresco poblado de Houat, que más bien parece salido de un cuento.
Y ya no da tiempo para mucho más, el viernes hay que regresar a La Turballe en una plácida navegación viento en popa que aprovechamos para poner a prueba a la tripulación con el spi, no se les ha olvidado el oficio y en un plis plas tenemos el balón portando.

Otra semana que me quedo solo, tengo pensado aprovecharla para visitar lugares desconocidos. Primero, en vista de la previsión de días soleados y con viento, regreso a mis islas favoritas, pero me detengo en Hoedic, que aún no he puesto pie en ella. Navegada espectacular con viento de través, en la carta he visto una pequeña bahía al W de la isla, supongo que estará protegida del viento Noreste que lleva dos días soplando.
Y tan protegida que hay una cincuentena de barcos fondeados, que pasada, pero no tengo dificultad en encontrar un buen hueco, aunque he de fondear dos veces porque a la primera no ha agarrado el ancla, por aquí los fondos tienen bastantes algas.

La islita un encanto, es como Houat pero más pequeña, apenas tres kilómetros de punta a punta, es pueblito también coqueto, no tan cuidadito como su homónimo pero no le falta de nada, me quedo dos días disfrutando del buen tiempo, como que ya me he aventurado a bañarme sin neopreno, me he convertido en un friolero después de las cálidas aguas caribeñas, nos hacemos mayores…

De Hoedic paso a Houat, tres millas, voy a la parte sur de la isla que desconozco y sorpresa, es lo más bonito de la isla, la playa de Salus grande y protegida del Noreste, un día más y me voy al extremo Oeste de la isla junto al paso de Beniguet, otra cala de fábula, Anse Beniguet, la más bonita de las que conozco en Bretaña, similar a las que pueden verse por Ibiza, ¡hayyy! Si no fuese por la frialdad de las aguas y la dureza meteorológica fuera de la temporada estival, no echaría de menos el Caribe. Pensaba quedarme dos días en Beniguet pero no he caído que el segundo cae en sábado y ya desde la mañana empieza a poblarse de francesitos ávidos de las excelencias del lugar, muchas motoras y veleritos que te echan el hierro casi encima de tu cubierta, ante tal agobio pongo pies en polvorosa, no sin antes tener que hacer apartarse a un velerito que se me había puesto en la misma proa.

Un vistazo a la carta y elijo un lugar nuevo y apartado de los lugares típicos, la bahía de Suscinio, situada al norte de la gran bahía de Quiberón, he de remontar el viento pero no importa, tengo toda una espléndida tarde para navegar y para deleitarme con la impresionante cantidad de barcos que tengo por los alrededores, desde pequeños veleros sin cabina, hasta fastuosos trimaranes de regata, como uno que me ha cruzado la proa.
En unos cuantos bordos arribo a la bahía de Suscinio, espectacular, una enorme playa de más de unas tres millas, con el agua como la de una piscina y ni un solo barco fondeado. Esta parte de la costa es muy baja, hay que vigilar muy bien amplias zonas de arrecifes, pero hay señales que indican el acceso a la parte más profunda de la bahía. Largo el ancla en tres metros de agua con la bajamar, a media milla de la playa. El atardecer precioso y entre la arboleda de la playa un flamante castillo que sin lugar a dudas, al día siguiente visitaré.

De qué cosas te enteras sin proponértelo, pues resulta que el dichoso castillo es quien da el nombre a la bahía, Suscinio, y mira por donde, era la residencia de los duques de Bretaña desde el siglo XXIII hasta que la revolución descabezó a la nobleza y aunque varios siglos de abandono lo dejaron maltrecho, el gobierno francés lleva años restaurándolo, con muy buen tino y en la actualidad es uno de los atractivos turísticos de la zona.

Sigo en mis trece de conocer nuevas zonas de esta Bretaña que cada día me gusta más. Domingo soleado para navegar, aunque la brisa flojea en cuanto me alejo de la costa, me propongo llegar hasta Saint Nazaire, el extremo sur bretón por mar. Después de más de dos semanas salgo de la bahía de Quiberón por el extremo sureste, entre punta Croisic y el faro de Le Four (que nada tiene que ver con el que hay al norte de Bretaña) al que me acerco para tomarle unas fotos, bonita navegación de spi, con el que tengo que bregar e incluso trasluchar debido a la brisa incómoda e inestable.
Finalmente, por la tarde, el viento del noreste vuelve a aparecer y la ola de las amuras suena con su rumor característico. Por babor La Baule y Pornichet, de regreso pasaré por allí pero las grandes edificaciones junto a la playa se parecen a Benidorm.

Dejo el islote, donde se yergue el faro de Le Grand Charpentier, por babor y penetro en el gran estuario del río Loira. Por el canal de entrada hay un gran tráfico de mercantes, en el AIS veo que sale un superpetrolero de más de doscientos metros de eslora y a la vez entra un mercante. Por la margen derecha de la ría, fuera del canal balizado hay una amplia franja de aguas navegables para embarcaciones de pequeño porte, por ella navego haciendo bordos, en estos momentos es cuando uno agradece disponer de un foque auto virante, los veleros que también remontan el viento hacia Saint Nazaire van quedando uno a uno atrás, la marea está bajando y en cada virada tienen problemas para retomar velocidad, cosa que a nosotros no nos ocurre.

Mi propósito de llegar a Saint Nazaire no es otro que echar un vistazo físicamente a un lugar idóneo donde dentro de tres semanas recogeré al tripulante que me acompañará hasta Galicia. Después de cotejar un par de sitios en los que poder fondear sin inconvenientes y con el lugar decidido para la recogida, doy media vuelta y corriente a favor me dirijo a una ensenada de aguas tranquilas, que previamente había echado el ojo donde largar el ancla para pasar la noche.

Al día siguiente destino Pornichet, tal como había visto la tarde anterior aquello es como Benidorm, La Baule – Pornichet es la residencia vacacional de Saint Nazaire y Nantes, he fondeado fuera de la marina y aquello es un correcaminos de barcos, una playa enorme donde las más variadas embarcaciones pululan por doquier, allí no pinto nada y por no decir que soy un desarraigado náutico-social, aguanto el tirón y me doy un voltio por el lugar, para al día siguiente navegar la costa de Croisic y regresar a La Turballe donde esperaré la llegada de mis nuevos amigos.


Navegando por el golfo de Morbihan


Con los amigos en la isla de Houat


En Hoedic los paseos a orillas del mar preciosos


Fondeadero de Hoedic


Bellos veleros bretones en el fondeadero del Houat


Rufino disfruta del fondeo en Houat


Fondeadero en Beniguet al W de la isla de Houat uno de los más bonitos de las islas


Bajo el tórrido sol bretón, antes de que lleguen los domingueros


Navegando por la bahía de Quiberon bellas estampas de veleros


Impresionante castillo de Suscinio


Faro de Le Four


El bahía fondeado en Pornichet


La Baule Pornichet


Puerto de La Turballe, que tengo como base en Bretaña sur
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Las navegaciones del Bahia de las Islas en el canal Youtube bahialasislas1
Instagram bahialasislas
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