
difícil decisión.
Claramente la progresión, si no se pone freno, acabaría con puertos vacíos y playas y canales "tomadas" sin ningún control.
No es menos cierto que los costes de los clubs náuticos no son asumibles por todos los mortales,¿debemos renunciar a nuestra pasión por no ser de "primera"?.
Una regulación justa para que no acabe como en el oeste a un precio razonable es lo que nuestras autoridades deben alcanzar.
¿En otros países de nuestro entorno es tan complejo (y caro) el disponer de una embarcación modesta para salir a navegar?

Por una pronta y acertada solución.