Después de dos semanas mariposeando por las calas y los puertos de Asturias estamos de nuevo en Santander. Menos un día que la lluvia nos retuvo en Ribadesella:
los demás días han sido extraordinarios. Y los asturianos, como siempre, una gente fabulosa y muy amables. A la vuelta incluso nos metimos en la Ría de Niembro, un brazo de mar precioso que termina en una orilla donde una iglesia y un cementerio se reflejan en el agua. En bajamar se seca, y en pleamar (cuando llegamos nosotros) tiene algo menos de 2 metros de profundidad. ¡Ventajas de los veleros de orza abatible!:
También entramos en la Ensenada de Poo, otra que se vacía en bajamar dejando una playa redondita la mar de coqueta. Y finalmente entramos en Cantabria por San Vicente de la Barquera, que nos obsequió entre otras con estas imágenes que tanto se disfrutan desde el mar:
En fin, una navegación relajada por sitios espectaculares, que demuestran una vez más que no se necesita un gran barco ni un destino exótico para disfrutar de la navegación.
La vuelta a España del Corto Maltés (de Santander a Santander en un velero de 6 metros):
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