Hace ya unos años, atracamos en Getaria, huyendo de una galernita que nos había machacado en nuestra travesía desde Bilbao.
Tras recomponernos un poco y con la tranquilidad y, por que no decirlo, orgullo de navegantes que piensan que han superado una situación delicada, nos fuimos a dormir.
Al rato, oimos atracar,a nuestro costado, un barco, ya de noche.
A la mañana siguiente, lo primero que hice fue comprobar quienes habían llegado, de noche, con una mar complicada y mi asombro y respetos fueron máximos cuando de aquel vetusto OVNI 31 se bajaron dos abueletes procedentes, en rumbo directo, de La Trinité-sur-Mer.
Creo que a este silencioso respeto es al que se refiere D. Arturo y es silencioso porque surge desde nuestro interior, de nuestras tripas.
Unas

para D. Arturo.

