El sábado en el salón y más concretamente en el stand de Janneau me saludó alguien con esa cara y simpatía propia del que te conoce.
Le devolví el saludo, pero pensando que se equivocaba. A esto unido el que se me caía el chaquetón mientras me quitaba los patucos que dan para subir a los barcos, que uno de los del grupo ya está abajo, que el otro se va a ver otros barcos, que no se despiste la manada, que el comercial se acerca a preguntarte que te ha parecido el barco, que paren esto un momento que me estoy mareando...
Y justo cinco minutos después me di cuenta de que ¡¡¡claro que le concía!!! ¡¡¡¡Era un cofrade!!!!
Es una verdad obvia para todo el que me conoce que soy un desastre para las caras.
De modo, que si lees este mensaje, por favor, no pienses que soy un perfecto cretino. Acepta que soy un perfecto despistado.
Y te debo una
Mierda, mierda y mierda.
