Bueno cofrades, pues eso, que desde hace unas semanas y después de muchos quebraderos de cabeza –incluido un timo de un profesional de la venta- disfrutamos de una pequeña embarcación pesca-paseo.
Así que no nos vamos a andar con tonterías y medias tintas y ¡barra libre para todas esas sedientas gargantas!


Ha sido un largo camino hasta encontrarlo –supongo que me entenderéis todos los que habéis tenido una ilusión durante años, casi una necesidad, poco presupuesto, recursos económicos limitados y además pocos conocimientos-. Y en el camino nos hemos encontrado de todo: “buenos y malos”. En esta vivencia –personal e intransferible, por supuesto- el premio gordo de “los malos” se lo han llevado las empresas náuticas, los que se llaman brokers; unos poniendo precios no acordes a la actual situación y malas caras, y otros estafándome –y como dice el Tabernero, este no es el lugar de denuncias, así que no sigo por ahí-. Pero el premio de “los buenos” se lo llevan –sin lugar a dudas- las muchas personas, con nombres y apellidos, que ido conociendo y visitando sus barcos: todos ellos, independientemente de lo que pedían por su barco, del estado y de si me interesara o no, me lo enseñaron casi con lágrimas en sus ojos, mostrándomelo como era, sin trampas ni cartón; no vendían un mero objeto –vendían a “alguien” con quien habían compartido infinidad de vivencias, alegrías y penas, grandes esfuerzos y momentos plácidos- y si las circunstancias fueran otras, no lo hubieran vendido. Juan, que conectamos desde el primer momento y que quería me quedara con su inmejorable Artabán –tanto en estado como en precio-, pero que no podía hacer frente al consumo y mantenimiento de sus dos motores de 230 cv. cada uno. Kiko, que vendía la herencia de su tío, ...
Y por fin apareció él

, con sus dueños –Elena y Paco-. Ellos querían vender –las circunstancias y una nueva vida en Madrid forzaban- y yo comprar: no discutimos ni el precio, con un apretón de manos bastó; creo que pidieron un precio justo, adecuado a las circunstancias y que, juntando todo lo que teníamos, pudimos pagar. El día que firmamos el contrato y Paco me entregó las llaves dudó unos segundos y Elena no quiso mirar por no llorar.
Todo este periplo no hubiera llegado a buen puerto sin la inestimable ayuda y consejos del cofrade SEA GAMBLER

–espero seguir contando con ellos- que con exquisita paciencia me soporta. Y de Rafa, marinero profesional donde los haya, que ha supervisado el estado de las embarcaciones y no permitió

que la estafa del “broker” fuera mayor de lo que ha sido. ¡Qué bien me sentó la primera cerveza a bordo, junto a ellos dos, fondeados frente a la misma playa que me ha visto crecer y que tantas veces he recorrido! Pero esta vez la diferencia era que contemplaba la playa, mi visión era diametralmente opuesta: he pasado infinidad de horas mirando al este y por primera vez le daba la espalda y miraba la tierra desde mi propio barco.
Bueno, el barco es un Beneteau Antares 805 con un motorcito de 100 Kw, es decir, 136 cv. Y ahora todos los puristas me lapidareis

, pero, es lo que queríamos: salir de paseo, de pesca, bajo consumo –la velocidad no nos importa-, una buena bañera y un interior bien aprovechado.
Así que, Tabernero, apunta otro a la lista de los “tractoristas” y demás herejes que reniegan de la fe verdadera. Va por ellos otra ronda.
Ahora empieza la verdad: enfrentarnos solos al manejo y cuidado de ese “ser vivo” que, como todos necesita mimos y atenciones. De ir descubriendo, de poner en práctica, pasito a pasito, todo eso que hemos estudiado en libros, que nos han enseñado grandes maestros y navegantes en sus clases y, como no, de todo lo que vais escribiendo en los foros aquellos que queréis compartir vuestras experiencias y sabiduría

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Y como sé que por aquí hay mucho incrédulo y necesita meter el dedo en la llaga y “si no hay foto no hay barco”, ahí van unas con Capitán y grumete incluidos. Por supuesto el Capitán es el de menor estatura.
Nosotros mismos hemos hecho todos los trámites administrativos en Conselleria de Hacienda y en Capitanía Marítima de Valencia y a la primera. Bueno, todo hay que decirlo, fue la Almiranta la que se “pateó” las Administraciones Públicas con notable éxito. Gracias a haber leído las instrucciones que hay colgadas en la Taberna para la compra-venta, a la página web del ministerio de Fomento y a la de la Conselleria de Hacienda.
Si Capitanía no pone pegas –que de momento no las ha puesto- el barco se llamará Mare Nostrum. Aunque recurrente, es el mar que me ha visto nacer; en contadas ocasiones me he separado largo tiempo de Él. Mi familia –tanto paterna como materna- desarrolló durante generaciones su vida y dependieron de Él: extrajeron sus frutos o lo surcaron para que otros pudiéramos tener abastecimientos. Así que va en honor a ellos. Por otro lado, Vicente Blasco Ibáñez, valenciano universal con el que me identifico, escribió una novela con este nombre, que, a su vez, era el nombre de un rápido vapor con el que surcó el Mediterráneo el protagonista. También va por él.
Vale, ya está bien de rollos, el que quiera tomarse una bien fresquita y real –no virtual-, estamos en el Real Club Náutico de Valencia, al final del todo, justo en frente de la base de la Guardia Civil, casi en la bocana, allí tenéis vuestra casa. Eso de estar al final tiene sus ventajas, somos los primeros en salir a mar abierto y también en amarrar.
Saludos.


