Abrumado por lo escrito por otros cofrades, casi no me atrevo a contar mi humilde experiencia.
He cruzado el Estrecho tres veces, todas de E a W, saliendo hacia el Atlántico. Y ha sido de lo más variado.
La primera vez, en un Vagabond 45, con temporal de poniente, 30 nudos de viento de morro y una ola fuerte y persistente por la amura (rociones hasta los tuétanos). Pegados a la orilla española, apenas a 3 nudos de velocidad (una fuerte corriente en contra). Tras estudiar la carta y el mar, decidimos pegarnos un poco más a la costa (salirnos un poco de la corriente) y ganamos más de 1,5 nudos. Eso sí, a costa de ir acojonados por los remolinos y las rocas que se veían tan cerca... Al salir de Tarifa, viento amainando hasta casi la calma.
La segunda vez fue la peor, porque íbamos mi mujer y yo solos, en nuestro actual barco, un Sun Odyssey 36. Entramos por Punta Europa a mediodía, a motor, pues apenas había viento, aunque, eso sí, de popa (levante). Pero, amigo, al pasar Punta Carnero, empezó a soplar el levante y a crecer una ola tremenda (viento en contra de la corriente), de modo que al llegar a Tarifa, y en contacto con Tarifa Tráfico, nos confirmaron que los vientos de fuerza 8 y fuerte marejada a mar gruesa no amainaban al doblar la Isla de Tarifa. No tuvimos más remedio, tras varias horas de pelea con las tremendas olas de popa, que refugiarnos en el Puerto de Tarifa (no apto para veleros; gracias a que unos franceses nos ayudaron a atracar contra un malecón de piedra, donde yo creí que iba a estrellar el barco). Pasamos la noche con una escora (a pesar de estar amarrados-acunados al muelle) de unos 15º, de lo mucho que soplaba el levante.
En esta ocasión, en mitad de la faena, cuando las olas nos hacían bailar y saltar de un lado a otro, dando bandazos que yo creía imposibles (jamás le he rezado tanto a la Virgen del Carmen), confirmé el viejo dicho marinero de que "siempre aguanta más el barco que la tripulación". Pues bien, en una de esas, entre el miedo y el cabreo y a punto de la histeria, me pregunta mi almiranta: "pero tío, ¿es que tú no tienes miedo?"; le contesté: "una jartá, mi arma, una jartá". Desde entonces se calmó...
La tercera vez fue con el Coronado 35 de mi hermano, y fue la mejor, con diferencia. Mar en calma al entrar por Punta Europa, 5 nudos a motor. A mitad de Estrecho, comienza a soplar un ligera brisa de levante, por la popa, que nos permite sacar todo el génova, alcanzando los 7,5 nudos sin problemas. Ahora, eso sí, cuando salimos de la Isla de Tarifa, ya era un respetable levante fuerza 6, que celebramos enormemente haber dejado atrás.
Mis conclusiones:
* Volvería a pasar el Estrecho mil veces más que me lo propusieran.
* Siempre llamar a Tarifa Tráfico, indicando posición, tipo de barco, número de tripulantes y demás. Te "pinchan" en su radar, y te hacen el seguimiento. Son como un angel de la guarda del Estrecho, que aunque no lo veas, sientes que te acompaña, y te da seguridad.
* Me parece una de las experiencias más gratificantes que se pueden vivir en la mar.
* Especialmente desde mi segunda vez, comprendí que el barco aguanta más que los tripulantes.
Para mí, que también soy motero, pasar el Estrecho (con mayúsculas) es como ir Cabo Norte...
