Kivuca, totalmente de acuerdo con lo que expones. Creo que un barco no es un objeto inanimado. Cuando lo conoces y lo tienes por mano acabas entrando en una especie de comunión mental con sus reacciones, sientes cómo acelera al templar siquiera unos milímetros la escota, cómo la pala del timón reconoce en el acto el pequeño ajuste, como baja la ola y corta la que precede, cómo orza en el instante de cargar la racha... y un sinfín de sensaciones que difícilmente llegan a sentir algunos tripulantes "transportados" ni la mayoría de los usuarios de lanchas.
Coincido con algún comentario que asimila ésas sensaciones a las que percibes al conducir una moto y también, en cierto aspecto, lo asimilaría a las experiencias que proporciona el esquí. Pero lo bonito del barco es que constituye todo un conjunto, tu casa, tu acogedor acompañante, algo que ciertamente acaba siendo uno más de tu familia y al que mimas cómo a un hijo desvalido...
La nota negativa es que ésa experiencia que relatas de que en determinado momento empiezan a fallar un sinfín de cosas es cíclica, un año afecta a la jarcia fija y a la de labor, otro a la mecánica, otro a electricidad y fontanería, otro coge juego el cojinete del timón o hay que coser velas... Un no parar!
Si no fueran tan intensos cómo relatas los sentimientos de cariño y tan satisfactorias las experiencias que nos depara nuestro velero, no sería factible aceptar tanta dedicación.
Si un coche requiriera tanta atención nos lo quitaríamos de encima a toda prisa. En el barco llegas a autoconvencerte de que similar ruina es una "inversión".
Será que a todas las edades disfrutamos de un juguete...
Saludos cordiales y buena proa


