Y haciendo un poco de historia este es un resumen de la era turbo en la F1
El Gran Premio de Francia de 1979 marco un hito en la Formula 1. El hecho de que Jean-Pierre Jabouille fuera el ganador, fue una simple anécdota. El interés estaba en el triunfo de un Renault. Esta marca alineaba desde 1977 unos coches tan rápidos como frágiles, con una diferencia tecnológica clave en su motor, el empleo de un turbocompresor. Lo que se inicio una alternativa, se convirtió en un elemento imprescindible, y los motores comenzaron a ofrecer potencias demenciales.
La aventura de los motores turbo comenzó en 1977, cuando Renault decidió alinear el primer coche con un motor turbo en la historia de la Formula 1. La sobrealimentación no era algo nuevo en los Grandes Premios. En 1950, la reglamentación previa motores de 4,5 litros atmosféricos 0 1,5 sobrealimentados. Ya entonces, las potencias conseguidas eran consideradas escalofriantes: el Alfa Romeo de 1951 tenía un motor de ocho cilindros en línea, con tres compresores y alimentado por metanol, que daba 450 CV.
En 1952 y 1953, el Mundial se corrió con coches de Formula 2 (motor de dos litros o 500 CC sobrealimentado), en 1954 se volvió a la Formula 1, con motores atmosféricos de 2,5 litros y sobrealimentados de 750 CC, pero ya nadie empleo esta formula.
La aventura de la sobrealimentación en la Formula 1 no se reanudo hasta 25 años después, cuando Renault decidió probar la técnica que tan buenos resultados le había dado en las 24 Horas de Le Mans (un Alpine Renault A442 Turbo, gano en 1978) y en los rallies, también en la Formula 1. De hecho, el turbocompresor era un accesorio imprescindible en otros lares, por ejemplo en las 500 Millas de Indianápolis.
La primera victoria obtenida por Renault y la evidencia de que los motores turbo podían ser mucho más potentes que los atmosféricos llevo a todas las marcas a explotar este camino.
En 1983, el viejo motor Ford Cosworth V8, que durante quince años había marcado la Formula 1, conquistando 155 victorias, dijo adiós a la categoría. Los motores turbo eran mas pequeños y mas ligeros y, para que el peso mínimo de 580 kg no fuera un obstáculo, los constructores se inventaron diversos sistemas para olvidar el reglamento. Nelson Piquet obtuvo el primer titulo con un motor turboalimentado en 1983.
A Renault enseguida se le unieron BMW, Porsche y Honda. Algunos preparadores de motores privados realizaron asimismo sus propulsores: Hart y Motor Moderni, por ejemplo. E incluso Cosworth realizo un motor para Ford. La mayoría eran V6, pero BMW y Hart apostaron por solo 4 cilindros.
Para limitar la potencia se disminuyo la capacidad de los depósitos a 220 litros, después a 195 y finalmente a 185. Se prohibió la gasolina congelada y la final se reglamento sobre la composición legal de la gasolina.
La solución a tanto despropósito le encontró finalmente la FIA, que decidió limitar la presión de sobrealimentación de los turbo en aras de la seguridad. Una válvula, igual para todos, impedía que la presión superara los 2,5 bar, y la potencia cayo nuevamente alrededor de los 800 CV. Decidida a desterrar estos motores, la FIA premio nuevamente a los atmosféricos en 1987: mientras los depósitos de los motores turbo se limitaban a 150 litros, lo que obligaba reabastecer, los motores atmosféricos de 3,5 litros los tenían libres. Fue un paso previo para que, en 1989, la sobrealimentación fuera simplemente prohibida. La era turbo había durado 12 años.
Los campeones con Turbo:
Nelson Piquet (1983), con Brabham-BMW, Niki Lauda (1984), con Mclaren-Porsche-TAG, Alain Prost (1985), con Mclaren-Porsche-TAG, Alain Prost (1986), con Williams-Honda, Nelson Piquet (1987), con Williams-Honda, y Ayrton Senna (1988), con Mclaren-Honda.
Los años finales de la década de 1970 y principios de 1980 fueron los mas prolíficos de la Formula 1, donde la imaginación de los proyectistas no tenia severos limites impuestos por las reglas. La aerodinámica dejo de convertirse en un juego de alerones para dejar paso al efecto suelo, llevando a su máxima exasperación. La parte inferior del coche era un ala invertida que pegaba el coche el suelo, las suspensiones eran inexistentes y unas minifaldas móviles aseguraban que no se colase aire bajo el coche.

El gran genio fue Colin Champan, que llego a realizar un coche (un Lotus, la marca de su propiedad) con doble suspensión, una para el chasis y otra para la carrocería. Desato así mismo el ingeniero Gordon Murray, que diseño el Brabham con una potencia de ventilador posterior, tenía por misión aspirar al aire existente bajo el coche para crear el vacío que favorecía la adherencia, fue inmediatamente prohibido. Los excesos llevaron a coches rapidísimos en recta, pero con motores ingobernables y velocidades de paso por curva jamás vistas. Pero la escalada continúo. Las mejoras en los materiales y la electrónica tuvieron mucho que ver. Aunque sobre todo entraron en juego otros factores, como los carburadores.
Con Elf a la cabeza, los suministradores de combustible se inventaron gasolinas de alta densidad, con moléculas muy ricas en carbono y también oxigenadas, de esta forma se podía extraer la potencia al motor.
La cantidad de aire no era un problema: se hacia trabajar el turbo a mayor presión. Los 1.000 CV fueron superados y, en calificaciones, algunos motores llegaron a superar los 1.400. La FIA intento evitar esto limitando los depósitos a 220 litros, pero los equipos replicaron repostando gasolina congelada, lo que permitía meter en el tanque una cantidad algo superior (entre un 7 y un 8%).
Extraído de Taringa, Gracias!!!!