Unas rondas,


que vamos arreglar el mundo, de oídas, siguiendo un poco con el hilo de este hilo.
Todos creemos que nuestra fe, es la fe verdadera, esto nos da seguridad, pero lo peligroso es la intolerancia hacia la fe de los demás. Lo peligroso es cuando no aceptamos lo que les gusta o hacen los demás sin molestar a nadie y respetando a todos e insistimos que abracen nuestra fe verdadera.
En esta taberna, muchos tenemos claro cuál es la fe verdadera:
La fe verdadera la tenemos los traperos, faltaría más.
Nombramos diáconos, sacerdotes y sumos sacerdotes a los que emulan a los grandes aventureros marinos conociendo y utilizando el léxico marino a la perfección, utilizan instrumentos de navegación pasados de moda y el sumo es los navegantes que navegan en barcos “clásicos”, que porque no tienen quilla casi no ciñen, unas velas rarísimas y hay que calafatear, esos tienen que disponer de unos conocimientos sumamente raros y son los sumos sacerdotes de la fe verdadera.
Bueno, está este último descubrimiento de navegar de oídas, … a esos, pues no sé, a esos los ponemos en el Olimpo, con Neptuno.
Son unos apostatas entre otros:
Evidentemente los tractoristas y los veleros que van a motor, con una pequeña bula para los pescadores
Los que no sacan el barco cada semana y lo tienen en un amarre.
Los que preguntan como se arregla un alternador en una mesa de esta taberna.
Y son merecedores del fuego eterno:
Los de las motos acuáticas y los que con un fuera a borda y sin idea, fondean cerca nuestro en una cala, con tropecientas personas chillando a bordo, música a tope y nos impiden disfrutar de la preciosa cala en la que ya habíamos fondeado nosotros y sobre la que creemos tener derechos de conquista.
Tengo que confesar que soy un creyente con muchas dudas.
Tengo un barco, porque me gusta y navego de “recreo”.
No quiero emular a los grandes navegantes, bastante aventura tengo hoy día con el curro. Quiero un barco cómodo y con el paso de los años, cada vez más cómodo. Que no de problemas, toda la maniobra reenviada a la bañera, que ciña mucho, así tengo que hacer menos bordos y no sé ni cómo empezar a navegar de oídas, bastante hago con navegar con los cinco sentidos como para hacerlo con uno solo.
Navego cuando puedo, cuando las circunstancias del trabajo, sociales, familiares y económicas me dejan y seguro que algún creyente de verdad echa pestes de este armador que saca tan poco el barco, ¡Que desperdicio!.
Soy navegante, me parece que como muchos de estos creyentes de poca fe, porque en su tiempo me pico el gusanillo, porque a mi mujer y a los niños les gustaba la playa y yo no sé estar sin hacer nada y pensé que era una estupenda solución para todos y sobre todo porque el clima que se puede crear en un barco, con una buena conversación entre amigos, relajados, sin prisas, viendo el mundo desde otro punto de vista, rodeados de agua hasta donde alcanza la vista, sin nadie que cree obligaciones, para mí es muy reconfortante.
Y si, también me encanta hablar con otros cofrades de que como se arregla un alternador, de la gran aventura que representa ir desde Barcelona al Delta, parando en un puerto que no conoces y escoger en que restaurante me voy a dejar quitar el dinero a cambio de una supuesta comida de alto standing. Explicar a mi invitados tripusoles como funciona el barco, sin aburrirles. Por esto a la escota de la Mayor le llamo “la roja”.
Como dice un cofrade, que cada uno haga sus cadaunadas. Con respeto mutuo, eso sí, soportando (un poco) las molestias que unos nos causamos a los otros. Pero no intentemos juzgar a los demás porque su fe no coincide con la nuestra. No sé navegar de oídas y sé que no voy a aprender. No esta dentro de mis prioridades y no me hace mejor ni peor que cualquier otro cofrade.
