Que bonito tema !
Creo que tienes razón, y las causas del síndrome son fundamentalmente dos;
la primera de ellas es que cuando llevas ya algunas millas en la estela has tenido ocasión de comprobar que el fallo o la avería se produce en el momento más peligroso o inoportuno, y que nunca viene sola, sino con alguna más colateral que acaba de arreglar la cosa.
La segunda es que a medida que conoces el barco (y me atreverá a decir que en mi caso no existe un palmo al que no haya metido mano), eres más consciente del peligro que entraña o puede entrañar "lo que no se ve" o lo que se nos pasa en el chequeo habitual. ¿quien puede -honradamente- asegurar que debajo de un bello perfil de enrrollador no tiene el estay "a punto de caramelo" para partirse?
La forma de vivir con eso para mí está clara: no forzar nada si no es necesario. En su manual de automóviles decía Arias Paz algo así: "Compruebe escrupulosamente sus frenos, y después de asegurarse de que son excelentes, conduzca como si fueran malos".
