Ya hace un tiempo que he retomado la vida placentera en mi Galicia, la que siento como mi casa. Pasear por las rías en la continuación del verano y seguir poniendo a punto el barco para próximas singladuras.
Con las primeras borrascas otoñales es buen momento para echar un vistazo atrás, ordenar fotografías, aplicarse con los diarios y apuntes, rememorando con placer los meses vividos, antes de poner proa a nuevos horizontes.
En mis navegaciones, allá donde vaya, me gusta alternar tiempos en solitario con otros compartidos con mis amigos, no me importa recorrer lugares que conozco de sobra, como me ocurría en el Caribe, disfruto más de los sitios en los que me siento bien que mostrar un gran interés por descubrir otros nuevos.
Las costas de Bretaña ya eran aguas conocidas de anteriores ocasiones, pero este verano ha sido otra forma de navegar, tomarse las singladuras con calma, sin la presión de que las vacaciones se agotan, solo la presencia de mis amigos o el paso de algún frente veraniego han limitado mínimamente mis intenciones.
Me quedó para otra ocasión navegar más al Este y conocer más a fondo la costa norte bretona, me hubiera gustado alcanzar Saint Maló, pero como ya expliqué anteriormente la navegación en el canal de la Mancha es un poco más complicada que lo habitual, con sus corrientes de marea y una meteorología bastante caprichosa que condiciona en gran medida las singladuras.
Pero como suele decirse no hay mal que por bien no venga y ese fiasco me da motivos añadidos para que en la próxima visita a Bretaña aproveche a cerrar el círculo del canal, echando un vistazo a la otra orilla y visitar la costa sur de Gran Bretaña, lugares míticos como El Solent, la isla de Wight, Plymouth, Falmouth y las islas Scilly, de las que los bretones me han hablado maravillas, para luego poner rumbo sur, al continente.
Más de dos meses y el tiempo ha pasado casi sin darnos cuenta, inmersos en parajes de ensueño, donde todo gira en torno a la vela y su desarrollo, como la ciudad de la vela de Tabarly en Lorient, tampoco es raro encontrarse más de un ciento de embarcaciones fondeadas en una playa o navegando a varias millas de la costa, desde un vela ligera hasta los gigantescos trimaranes.
Cuando escribo estas líneas me viene a la memoria el vuelco sufrido por el trimarán Virvac Paprec, hace unos días, cuyo accidente lo reflejó en un post el cofrade Kiribati. Pues bien, cada dos por tres me lo cruzaba navegando por la bahía de Quiberón y mira por donde los profesionales también meten la pata.
A mediados de Agosto tenía previsto desde un principio dejar Bretaña para poner rumbo directo a Galicia, esperar una buena meteo y bajar viento en popa a toda vela. Pensaba hacer la singladura en solitario, pero mi buen amigo y tripulante Oscar me pidió acompañarme, su compañía siempre grata hizo que nos demorásemos unos días preciosos para enseñarle algunos de los admirables lugares de la bahía de Quiberón, con lo que perdimos un Nordeste bien establecido teniendo que conformarnos durante la travesía, con brisas variables y unas cuantas horas de motor. Eso sí, la mar bella y noches estrelladas que hacían las delicias de las guardias nocturnas.
El único incidente reseñable fue que durante la sacada del primer bonito, Rufino que siempre se pone histérico cuando capturamos algún pez, se cayó al agua, inmediatamente detuvimos el barco, previo lanzamiento de la guindola para señalizar la caída y en un par de minutos ya lo teníamos a bordo con bronca y un buen susto en su cuerpo perruno, una maniobra más para recuperar la guindola y a proseguir el rumbo
Poco más de tres días de travesía para una singladura de 430 millas a unos pobres 5,5 nudos de media y para mi amigo Oscar una decepción que en su primer paso por la Costa da Morte y cabo Finisterre, no pudiese verlo por culpa de la niebla.
La pesca más escasa de lo esperado, solo un par de bonitos que amenizaron los menús y aún pudimos compartir uno con nuestros amigos en Galicia.
Acabado el verano, me dedico a los menesteres de mantenimiento del Bahía las Islas, la vela mayor a reparar un pequeño desgarro y un repaso general, sustitución de algunas poleas un poco maltrechas y paso por el varadero para una nueva patente, pulir la obra muerta y quitar la pegatina de Concello da Pobra, cuyo nombre, durante cuatro años, hemos paseamos con orgullo por el Caribe, la península Ibérica y Bretaña.
Ahora unos días de asueto y para el mes que viene rumbo sur, mi intención es hibernar por las cálidas aguas de la costa del Sol, aunque de momento no he encontrado un amarre de las 3 bbb (bueno, bonito y barato)
Seguiré contando las próximas andanzas de lo que todavía defino como “Una Vuelta por el Mundo” a la espera poder liberarme definitivamente y relataros en un futuro travesías de mayor entidad
Salud


Vista aérea de la preciosista ciudad de Saint Maló

El Bahía las Islas fondeado en Morbihan

El Virvac Prapec este verano, una estampa frecuente en Quiberón

El paso por las esclusas siempre es motivo de atención

La Roche Bernad, una marina muchas millas tierra adentro

Ultimas fotos para despedir Bretaña en Belle Ille

Rumbo a Galicia

Navegación placentera al amanecer

Aprovechamos cualquier brisa para izar spi

Rufino después del susto más tranquilo

Oscar con su trofeo

Bella estampa del faro de cabo Villano