El hombre y el agua
El hombre y el agua
“…le temo al mar, sólo con verlo; lo temo por su irrevocable inmensidad, por su alevosa inconsistencia, por su insondable profundidad.Le temo porque no hallo en él nada a lo que aferrarme, ninguna certidumbre y sobre todo ni la más mínima piedad hacia mí.Le temo porque se parece tanto a la vida…”
La cita que encabeza este comentario fue tomada del prólogo que hizo Jacinto Antón para una selección de artículos sobre náutica de Arturo Pérez Reverte que aparecieron con el hermoso título de “Los barcos se pierden en la tierra”.
El mar siempre representó lo impredecible, lo temido, lo que da y quita de una manera indiferente ajena a toda lógica del bien y del mal, de lo justo o lo injusto, de Dios o del Diablo. En el agua se paga en moneda contante y sonante. Probablemente la vida en tierra tenga más subterfugios o alternativas para hacerse el distraido, en el agua no. Paga el ignorante, el soberbio, el imprudente y el experto. Es más simplificado, se paga al contado, no existe tarjeta de crédito o indulgencias eclesiástica.
Las metáforas, imágenes y comparaciones son casi infinitas: “Vivir con el agua al cuello”; “llegar a buen puerto” ; “ afrontar las tormentas”; “ “salir a flote”; “ ahogarse en un vaso de agua”,”mantener el buen rumbo ”; “evitar los escollos”;”remar contra la corriente” etc. etc. El hombre referencia permanentemente sus situaciones vitales en metáforas náuticas y húmedas.
Y todo ello porque la relación del hombre, el agua y el barco, constituyen la síntesis más acabada de la vida que, eliminando todo adorno y complemento y lo remite a una situación primigenia., al hueso sin encarnaduras.
Hay metáforas fáciles, esas que utilizamos los docentes para comenzar a explicar las complejidades del discurso literario. Apoyados por una lista interminable de comparaciones previas, rayanas ya en el cliché, uno tiene a mano siempre la comparación (hermana discapacitada de la metáfora o metáfora predigerida para cerebros débiles) del mar con la vida y el navegante como el sujeto que la recorre.
El navegar ha encontrado en la Internet una aplicación bastarda y sedentaria del complejo arte de andar sobre el agua. Navegar se ha reducido a un paseo electrónico por aguas celosamente controladas y mares de una profundidad que solo alcanza para el chapoteo en patas en extensas playas cubiertas de muchedumbre y, como últimamente confirmamos, custodiadas celosamente por los bañeros del Pentágono.
Como en el agua, en la vida la profundidad es invisible a los ojos, a superficie que esconde profundidades de abismo. Lo insondable del mar como un hermano menor del infinito, incógnita humana donde se estrella desde el cartonero hasta el doctor en física. La experiencia de navegar sabiendo que por debajo de la quilla se extienden 5000 metros de agua, puede producir algo parecido al vértigo; Sin embargo, navegando en cinco metros, la superficie es la misma. Lo insondable es solo una realidad imaginada, presentida. Como en la vida se tiene la certeza de lo profundo, pero uno navega en la superficie. Podría decirse que algunos navegan y otros solo flotan.Como puede verse la construcción metafórica puede ser interminable.
Recuerdo a Fernando Pessoa con su “navegar é preciso; viver nao é preciso”( en realidad vieja frase del general romano Pompeyo (106-48 A.c.) planteando una idea que podría parecer paradójica, puesto que si no se vive nada es posible. Sin embargo expresa con claridad la idea de que la vida misma, entendida en una dimensión superior, es en sí misma una navegación ineludible y necesaria, puesto que llegado el caso a un hongo solo le es preciso vivir. La navegación-vida que significa el compromiso de la travesía, el andar, lo distinto al mero permanecer.
No hay literatura que no haya incursionado en el tema, desde los argonautas que acompañaron a Jasón en la búsqueda del vellocino de oro, pasando por Ulises en La Odisea; el tema del viaje marítimo, plagado de peligros, acompañado o en solitario, lanzado a una travesía sin garantías de éxito, o empecinado como el del capitán Ahab persiguiendo hasta la muerte a Moby Dick se halla presente desde los inicios de la cultura humana. El hombre con su miedo frente a lo insondable y desconocido ha encontrado en el mar y la navegación la más perfecta metáfora de su existencia.
Leandro Manzo
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