
Precioosos (se me coló una "o", pero voy a dejarla, que lo merecen

) hasta decir basta. Tuve la suerte hace unos años de verlos en regata en Fowey, y gasté dos cintas completas de la videocámara. Son pura poesía, es cierto, pero una poesía que navega la mar de bien. Estaba convencido de que eran unidades restauradas y perfectamente conservadas (los ingleses cuidan su patrimonio cultural como debe hacerse, "igual que nosotros"), pero no hubiera imaginado que continuasen construyéndose tan fiel y artesanálmente. Aquí no quedan ya carpinteros de ribera; una especie más en extinción.

Brindo por lo eterno, por lo que perdura, por la pura belleza, por las pocas cosas perfectas que hemos logrado realizar y por los buenos artesanos, que nos recuerdan que las manos pueden hacer algo más que oprimir teclas
