Discusión: Travesías Relato -novelado-de travesia
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Antiguo 28-10-2013, 21:01
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Predeterminado Re: Relato -novelado-de travesia

2ª entrega

Pasando la roja, viramos a estribor 20 grados. Tomo yo la caña. Al dejar el espigón, hay una marejada del N que no sé de dónde ha salido. Quizás esta soplando la Tramontana allá arriba por el Golfo de León…pero que aquí no llega. Ni gota de viento. Solo la ola…
Por lo menos el mar nos empuja y nos da un nudo extra. Y además el día está nublado pero sin brumas, por lo que la navegación es fácil.
Me gusta gobernar el barco subido de pie en el lazareto, levantando la caña y compensando con las piernas el movimiento del barco. Además, esta posición me permite ver venir las olas y darles la popa para tomarlas mejor, y tener un control total de lo que va haciendo la proa del barco, para ganar en velocidad.
Así, jugando a los toboganes, pasa parte de la mañana, hasta que doblamos el cabo de San Antonio primero y el de La Nao después.

Doblar el Cabo de San Antonio así, tan de cerca, impresiona por sus acantilados de color rojizo que se hunden violentamente en el mar. Además, hay algo de emocionante por ser el cabo más occidental y donde, en esta travesia, ya pondremos rumbo a casa.

Juan está en su litera, no ha dormido nada bien esta noche, y todos tenemos un espantoso dolor de cabeza, probablemente producido por el martilleo constante del motor.
Javier prepara un café con leche con galletas y una tostada con mantequilla que sabe a gloria. Desayunamos y al terminar se ha entablado una suave brisa del N seguramente por la succión del Acantilado del Cabo de San Antonio. Desenrollamos el Génova un poco antes de cruzarnos con un Catamarán de unos 12 m que se dirige a motor al Norte, probablemente a Denia. Debe ser un traslado, solo una persona en el puente. Nos saluda al pasar, saludo que devolvemos con gusto. Le resultara extraño ver un barco tan pequeño por estos lares, y menos tan temprano y a vela.
El sol sube poco a poco y las nubes desaparecen a medida que cruzamos la bahía de Jávea. Cada vez hay más barcos, ya es Miércoles Santo y hay gente de vacaciones.

Poco a poco la marejada se suaviza y a pesar de mantenerse los trenes de olas del NE la superficie se alisa. El pequeño Argo dibuja una suave linea en la estela, y empujado por la mar de fondo hace sus 5,5 nudos. Ademas, al ir tan cerca de tierra nos ayuda la corriente costra que se forma en esta zona.

Doblamos el Cabo de La Nao. 90 grados a estribor, rumbo do cuatro cero al Cap DOr, lo que nos permitirá dar un resguardo de media milla a la Isla del Descubridor. Aunque con el dia que hay, no hace ni falta…pero hay que mantener las buenas practicas.

El viento no aparece. Es demasiado temprano. Quiza si aprieta un poco el Sol tengamos algo de Sur a mediodía…
Algo mas tarde, saco a la bañera la Carta que corresponde a la zona en la que navegamos y busco Calpe. Conozco bien esta zona, pero me inquieta haber vaciado en el deposito principal el ultimo tanque de reserva. Necesito saber exactamente donde estamos para calcular la distancia y tiempo de arribada a Calpe, o en otro caso arrumbar a otro puerto, tal vez Moraira, lo cual supondría unas cuantas millas mas por la profundidad del arco de la bahía respecto a nuestra derrota, en la alineación de los Cabos Cap DOr y Calpe.
Busco con los prismaticos el peñón de Ifach. La calima no me deja ver, hasta que a la tercera vz lo descubro. Tranquilidad.

Me gusta mucho Calpe para recalar. Es un puerto amable, bien protegido y muy fácil de encontrar por la noche, sin sorpresas.
Llamo por radio, canal 9, para preguntar si tienen gasolinera. Amablemente me responden que esta en el muelle pesquero, según se entra a Babor, cerca de la Roja.
Llenamos todos los bidones, estiramos las piernas y soltamos amarras. Suavemente nos apartamos del muelle en una maniobra cuasi perfecta describiendo una elegante evolución proa a la bocana.
Y como no podía ser de otra manera, en el climax de la elegancia de la maniobra,el motor se para en mitad de la dársena. Rapidamente evaluo la situación y veo que derivamos hacia un pesquero enorme que se encuentra amarrado a pocos metros de nuestra popa, y con cuya proa, tendrá en un minuto un encuentro poco amistoso nuestra perilla del mástil.
Ay ay ay…Tiro una vez, nada, otra vez. ¿Se habrá ahogado?
Tercera. Bruuum!
Rapidamente engrano la marcha avante, doy gas y respiro aliviado al ver como nos apartamos in extremis del pesquero.
Al enfilar la bocana me cruzo con una patrulla de la policía municipal en lancha. Nos miran raro y no comprenden nuestra maniobra. No me extraña. Pensaran en que somos unos tipos raros, estos de la vela…les saludo y me lo devuelven cortésmente.

Verde con Roja ponemos rumbo al Faro de El Albir, lo cual nos permitirá alejarnos lo suficiente del Morro del Toix, pero también de la Costa de Altea, tan pintoresca.
Recuerdo navegar con mi padre por estas aguas. Moraira, Altea, Calpe…Le echo de menos. El mar se ha vuelto desde esta mañana de un azul marino intenso, dejando el verde de mas al Norte.
Y en la oreja, mi equipo de viento personal, noto un soplido. ¡Viento!. Una muy suave brisa del Sudeste sale de entre las nubes para dejarnos izar mayor y genova, y enseñar le nuestra popa a un velero de charter que lleva nuestro rumbo, de esos de casco azul marino brillante con toldilla y muchas defensas colgando.
Paso un rato trimando aquí y alla y le vamos poniendo agua de por medio a nuestro rival, de mucha mas eslora.
Me encanta como navega el barco. Al fin y al cabo, aunque con un chorro de años encima, un first es un first…ligero. Y con buenas sensaciones.

Desgraciadamente, lo bueno dura poco, asi que al cabo de una hora se vuelve a nublar, el viento desaparece y volvemos a torturar a las especies marinas y terrestres de nuestro alrededor con el ruido del fueraborda. Juan y Javi se rien, pero me he traido unos auriculares de proteccion acústica de los que se usan en las obras, y voy a la caña tan ricamente. Me siento como un astronauta en el mas absoluto silencio. Me encanta navegar. Me dejo mecer por el movimiento del barco entrecerrando los ojos. Y soy feliz.

¿Hoy no hay aperitivo?
Dejo la caña a Javi para bajar a preparar algo. En una hora dejaremos por Babor el Islote de Benidorm. La idea es pasar entre la Isla y Tierra firme para no desviar demasiado la derrota. Esta decisión me da una idea.
¿Oye, que os parece si comemos fondeados en el Islote, y asi apagamos esto un rato?
Hay Unanimidad. Ademas, si no recuerdo mal, había boyas de fondeo, por lo que con un poco de suerte no tendremos ni que mojar el hierro…
Como en esta travesia tenemos la suerte de cara, aparecemos por las boyas (he contado 6 en total) a eso de las 14:00 h. Todas están vacias, por lo que tenemos donde elegir. Las que están mas cerca de tierra tienen mucho ruido de gaviotas, y además el Islote es feo, por lo que nos quedamos en una mas alejada del bullicio.
A comer en cubierta. Y sale el sol!!
Me quedo con las ganas de darme un chapuzon, con la infinidad de peces que hay por aquí, como tantas veces había hecho antes. Otro dia será, el agua debe estar helada.

Tras la comida, una breve y merecida siesta y a correr.
Tenemos algo de viento, aunque Sur, lo que nos va regular porque es a donde vamos. Pero menos es nada, asi que con el genova entero y el motor a medio régimen hacemos unos buenos 5 nudos.
Me gusta esta manera de navegar, a la francsa porque se limita el balanceo y se gana un nudito, a pesar de tener que caer unos grados a sotavento del rumbo marcado.

Aguantamos e trapo todo el tiempo posible, y a eso de las 16:30 pasamos Villajoyosa por el través.
Me voy a Proa con los prismaticos, quiero ser el primero en reconocer el torreon de Campello.
Apoyado en el balcón, la vista del velero hacia popa es extraordinaria. Me gusta ir aquí sentado. Se entiende muy bien al barco y como se mueve desde aquí. Recuerdo las palabras de la mujer de Moitessier en su partida a la vuelta al mundo: Cuidalo: El te lo devolverá. Me prometo a mi mismo hacer lo propio con el Argo.

En proa se me escapa el tiempo sin darme cuenta y poco a poco reconozco el paisaje que me rodea. Miro con los prismaticos ligeramente a Estribor y allí esta. Campello. Aquí traemos el Argo para quedarse con nosotros.

Campello se reconoce por una torre vigia que preside el pequeño puerto. Desde el Mar, el aproche es fácil y sin peligro, salvo un macizo rocoso al N, y precaucion entrando desde el Sur con vientos fuertes del NE, que levantan una ola considerable por la cercanía de la playa, a veces rompiente en las inmediaciones de la bocana. Pero venimos desde el Norte, y no hay viento, asi que no hay problema.

Y como no, se pone a llover. Un aguacero en condiciones que nos hace correr a por los trajes de agua y casi casi por las gafas de bucear. Mira que es mala suerte. Llamo por radio explicando al marinero que venimos a dejar el barco, que ya he hablado con la oficina, en fin, que todo esta arreglado.
Argo, espere un poco y llame otra vez cuando este en la bocana.
Campello, aquí Argo: Negativo, estoy en la bocana, estamos mojados hasta los calzoncillos, se hace de noche y no vamos a aminorar ahora, coñe, que nos den un amarre cualquiera y cuando pare de llover lo movemos.
Adelante Argo…No hay problema: el marinero les indicara el amarre Eco Veinticinco.
Hay mas agua encima del barco que debajo. Se ven las luces de los pantalanes de milagro. Llueve a cantaros. No veo nada…uf. Al fin veo al marinero que me hace señales.
Llegamos al amarre y atracamos sin complicaciones, de proa. Ya lo cambiaremos, ahora toca secarse. Agradezco al marinero la celeridad y me disculpo por haberle hecho mojarse. Nada hombre, para eso estamos. Buena gente esta del Club Nautico de Campello. Estoy orgulloso de haber aprendido a navegar allí. Desde niño. Desde que ni siquiera era puerto, solo unas boyas y un bote en el que Antonio nos llevaba al barco desde tierra.

Despues del papeleo en capitania vuelvo con mis amigos. Mi tripulación. Caramba como suena de bien. Nos arreglamos, nos secamos y nos vamos a celebrarlo al Llop Mari. Un gin tonic bien merecido.

Mientras me alejo, veo al Argo en su amarre que se balancea en las luces de la noche.
Bajo la lluvia, le veo claramente guiñarme un ojo.
Le devuelvo el guiño.

Hasta siempre, compañero.





Nota: Hace ya dos años de esto. Hoy el Argo se llama Okavango y llevamos unas cuantas millas juntos.
Y me sigue guiñando el ojo cada vez que lo dejo en su amarre...
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