Siento ser pesado, pero cuando uno se mete un veneno en el cuerpo, luego no puede dejarlo.
Este verano, en casa de mi amiga Mariantxu (¡Aúpa Athletic!), me encuentro una antología de poesía.... y busqué el tema náutico...
Ahi va una muestra (y más que habrá):
EL PESCADOR
Johan W. Goethe (1749-1823)
La ola sin cesar subía
la ola sin cesar cantaba
y el pescador contemplaba
el anzuelo que se hundía.
Llenaba dulce alegría
todo su plácido ser;
de pronto ignoto poder
abre a sus plantas el mar
y del fondo ve brotar
Diosa, náyade o mujer
Y así le dice: “¡Ay de mi!
¿Por qué astuto engañar quieres
a los inocentes seres
a quienes albergue dí?
¿Por qué los llamas así
al ambiente que los mata?
Si supieras cuánto es grata
Su suerte en mis ondas frías
Tu mismo venir querrías
A mis palacios de plata.
En mi seno palpitante
abísmanse Luna y Sol,
y con más vivo arrebol
brilla después su semblante.
El firmamento distante
se refleja en mi cristal
y a mi regazo inmortal
te llama tu imagen propia,
cuando en sus espejo la copia
inagotable raudal”.
la ola sin cesar subía,
la ola sin cesar cantaba,
y al pescador que dudaba
el pie desnudo lamía.
afán que al ausente guía
hacia su pasión infiel
sintió en el momento aquel,
entre caer y saltar
rodó hasta el fondo del mar
y nadie supo más de él.
