
Imaginemos un país gobernado por un dictador poderoso que nos obligara a fumar a todos cada día y encima a pagar caro por ello...
El país no existe...
El dictador sí...
Búscalo, reconócelo y enfréntate a él.
No le dejes que destroce tus pulmones, tu corazón...
Esos pulmones, ese corazón... puros del niño que un día fuiste y que, de alguna forma, todavía eres...
¡Salta de ese barco!
Va hacia las piedras...
