Nos despedimos en Mazagón del
Temido II poco después de las 6 de la tarde del día 20. La meteo presagiaba una navegación bastante contraria a los intereses de todo velerista, esto es siempre que el viento decide darnos plantón. Armados de paciencia, con el motor a medio régimen navegamos la costa gaditana en una noche amable de luna clara, nuestra intención era de arribar a las proximidades del estrecho de Gibraltar al amanecer, donde estaba previsto que apareciera de nuevo la brisa de poniente, ideal para atravesarlo.
Casi siempre que no voy a detenerme en Algeciras me gusta hacer el paso del estrecho por el centro, aprovechando la perenne corriente entrante, en esta ocasión con la inestimable ayuda del AIS coser y cantar para cruzar y adentrarnos en el tráfico de mercantes que por el lado español salen del Mediterráneo, como si fueran una procesión de orugas. Lastima que el cofrade
Patxiquiter no estuviera de guardia a esa hora en Tarifa tráfico, hubiera sido todo un honor haber estado bajo su supervisión en el control del paso.
Una delicia de navegación con 15 nudos de viento y cuando en el GPS estás viendo velocidades de dos dígitos, al final las 30 millas que separan ambos mares en algo menos de tres horas, a una media de 11,2 nudos, siete más cuatro de corriente.
Al poco de haber pasado punta Europa nos llamó la atención el diálogo de besugos que una patrullera española mantenía con su homónima británica, la una apremiando a que la segunda abandonase aguas territoriales españolas y la otra insistiendo en que se hallaban en aguas internacionales, pero lo curioso del caso es que el tema continuó por espacio de más de dos horas, hasta que nos aburrimos de escuchar la misma canción y el viento comenzó a arreciar.
Uno de mis tripulantes,
Toño, un excelente patrón de regatas, pidió poder ser desembarcado en Málaga por lo que pusimos proa a Punta Calaburras junto al municipio de Fuengirola, distante 42 millas, en esa travesía del mar de Alborán, como digo, comenzó a subir el viento por encima de los 25 nudos previstos, ya llevábamos un rizo a la mayor y para evitar sobresaltos metimos el segundo. He de decir que llevo una mayor de regata con solo dos rizos. El caso es que media hora después navegábamos como alma que lleva el diablo con un viento establecido en 35 y a duras penas conseguía llevar el barco recto entre las crecientes olas. A la tercera orzada descontrolada tomé la decisión de arriar la mayor, maniobra un tanto engorrosa y arriesgada, pero era la única acción posible si no quería quedarme sin vela de los violentos gualdrapazos que daba al quedar sin sustentación, así que el bueno de
Aitor, uno de mis mejores tripulantes, por no decir el mejor, se aprestó de buena manera a la labor, momento crítico de ponerse proa al viento y motor en marcha para mantener la posición, en ese momento vi en el display del anemómetro 39 nudos, pero la maniobra fue precisa y enseguida ya estábamos de nuevo con el viento por la aleta con solo el empuje del foque, la cosa cambió radical e incluso bajo el control del piloto automático el
Bahía las Islas navegaba en volandas. Finalmente
Toño me instó a que le dejásemos en Fuengirola para evitarnos unas cuantas millas hasta Málaga, pero preferí hacerlo en Benalmádena, ya que de todas formas íbamos a pasar por las inmediaciones.
Así lo hicimos, dejamos a nuestro amigo en la misma gasolinera y soplando apenas una brisita pusimos rumbo este con las primeras sombras de la noche. Lo primero izar de nuevo la mayor y mientras que navegábamos plácidamente por la bahía de Málaga cenamos cómodamente sentados a la mesa, acto seguido como ya habíamos decidido que Aitor iba a desembarcar en Almería y no teníamos prisa por llegar, metimos un rizo antes de la primera guardia, sabiendo que más al este subiría un poco el viento.
No llevaba diez minutos en la cama cuando ya noté un considerable aumento en la velocidad, no me lo pensé en salir y meter el segundo rizo, cosa que en el Bahía las Islas lo hacemos con facilidad, sin tener que aproarnos. De nuevo ya teníamos un viento por encima de lo anunciado así que determiné acercarnos más a la costa donde según todos los pronósticos anunciaban Noroeste de 15 a 18 nudos, de ahí ese rumbo hacia Nerja, buscando protección costera como comentaba el
TemidoII, pero lejos de encontrarla viento y mar en aumento y el
Bahía las Islas de nuevo desbocado. Propuse a mi compañero alcanzar Almuñecar para arriar la mayor al socaire del peñón de la Herradura, pero como había pasado por la tarde, a pesar de los dos rizos de la mayor, la vela seguía teniendo demasiada potencia y el barco difícil de gobernar, así que mandé a Aitor se preparase a arriar otra vez la mayor. De nuevo la misma maniobra, comprobar que no hubiese cabos por el agua, motor en marcha, proa al viento y mayor abajo con
Aitor en el palo agarrando los pliegues, momento en que se paró el motor, alarmado comprobé que algún cabo se ha enganchado a la hélice, le grité a mi amigo que no teníamos gobierno. Creo que no me había oído en el fragor de la batalla con la mayor que sin mucho tardar ya tenía dominada y amarrada de cualquier forma a la botavara.
Una vez estabilizada la navegación hicimos unos intentos para lograr desbloquear la hélice pero en el momento de embragar, tanto atrás como avante, el motor se paraba, así que en adelante solo a vela y ni pensar en entrar a Motril como anteriormente se me había ocurrido, ya que en mi memoria estuvo muy presente cuando hace cinco años navegué estas aguas en sentido contrario y al paso del cabo Sacratif nos zurró una castaña con puntas de 52 nudos, que se lo pregunten a nuestra cofrade
Polen que vivió en primera persona tan animada experiencia, tras su primera y única navegación en el
Bahía las Islas.
Pero el Mediterráneo es el Mediterráneo, imprevisible a todas luces para los que estamos acostumbrados a bregar con la rotunda meteorología del Atlántico y como por arte de magia antes de alcanzar las inmediaciones de Motril, el viento de poniente, que poco a poco había ido a menos nos deja casi encalmados, rolando a una brisita de levante. Ne nuevo a izar la mayor, maniobra ahora más complicada sin la ayuda del motor para aproarnos y en medio de un oleaje caótico. En estos momentos de zozobra es cuando Murphy siempre aparece para hacer de las suyas haciendo que la driza de mayor, con tanto zarandeo, se enganchase en el foco de cubierta situado en mitad del mástil, un cuarto de hora para que
Aitor a base de tirones consiguiera desengancharla. Con sumo cuidado mayor arriba y navegando hacia el temido cabo Sacratif, a no más de tres nudos, más por el impulso de las olas que por la fuerza generada en las velas, aunque con la rolada de la brisa a levante me sugiriese que nos libraríamos del temido efecto Venturi del cabo.
Buen momento para echar una cabezada, mientras que
Aitor a la caña se esforzaba por hacer avanzar al
Bahía las Islas. Eran las tres de la mañana cuando nada más rebasar el faro de Sacratif de nuevo la brisa rola a poniente, previos unos minutos de encalmada en el que habíamos recogido el foque autovirante para evitar los constantes gualdrapazos. Al despertarme por unos anormales balanceos, no me gustó comprobar que
Aitor no se hubiera separado algo más de la media milla que teníamos a la costa, pero hasta ese momento nada hacía presagiar dificultades.
Sin embargo, poco a poco como ocurriera a la salida de Benalmádena, paralelos a la playa de la Chucha, la brisa de nuevo en aumento, toma de rizos correspondientes y el influjo del cabo empezaba a dejarse notar con insolencia pasando de cero a más cuarenta nudos en menos de quince minutos, la vela mayor con los dos rizos pegada a las crucetas de estribor, las olas residuales de dos metros que ya traíamos pasaron rápidamente a cuatro y cuyos penachos de espuma eran arrastrados por el ventarrón poniendo la mar blanca a la luz de la velada luna.
Navegando amurado a babor tampoco podía separarme de la cercana costa, sin arriesgar a una catastrófica trasluchada involuntaria y en esos momentos, a más de doce nudos, timoneando tan fino, como si me fuera la vida en ello, por unos momentos sentí miedo, si, un miedo irracional, no me avergüenzo decirlo, creo que fue el miedo que se siente por primera vez de no tener control sobre tu embarcación, que es casi lo peor que le puede ocurrir a un marino.
En esa tesitura estábamos cuando tras el golpe de una ola no pude evitar que el barco se atravesara yéndose de orzada y en esa situación, sin vela en la proa, como todo el que tenga un mínimo de experiencia en navegación con mal tiempo sabe, es imposible hacer que el barco vuelva a navegar de arribada, derivando irremisiblemente hacia la cercana costa. Inmediatamente reaccioné mandando a
Aitor arriar la mayor a toda prisa y de cualquier manera para poder desplegar el foque y volver a la navegación en popa, nos iba la seguridad del barco y la nuestra.
Aitor, que como no me canso de repetir, me iría con él de tripulante a los confines del infierno, le faltó tiempo para agarrarse al mástil como una garrapata y en un santiamén echar la mayor abajo. No hizo falta desplegar el foque para ponernos de nuevo en popa, la obra muerta del barco, la capota, la propia botavara y el mástil desnudo eran suficientes para navegar a palo seco, pero lo más increíble, una vez tomado el control, fue comprobar en el GPS que estábamos navegando a una media de ¡¡ nueve nudos!! Y ahora sí con el control suficiente de arrumbar donde quería.
Comentamos a posteriori la dura experiencia transcurrida y por segunda vez el nefasto cabo de Sacratif nos la había jugado, Aitor me aseguraba que si anteriormente habíamos tenido cuarenta nudos, por el estado de la mar, de la que yo apenas me había fijado, pasaba muy de largo de esos cuarenta. Como era de esperar salvado el cabo el viento fué en disminución, momento para que
Aitor se fuera a descansar aunque no por mucho tiempo porque poco antes de llegar a Adra el viento otra vez desaparecido, de nuevo la mar residual de más de tres metros un verdadero incordio para izar de nuevo la mayor e intentar avanzar.
Con la salida del sol una brisa de tierra nos impulsó de nuevo unas millas a todo trapo y a buen ritmo, el propósito alcanzar Roquetas, fondear a sotavento del oleaje y cortar el cabo enredado a la hélice, que no era otro que una escota de quita y pon que no habíamos tenido la previsión de retirar del foque cuando llevábamos este atangonado y que con el meneo se había ido al agua por la proa, un fallo que podía haber tenido consecuencias desastrosas.
Pero el Medi no estaba siendo generoso y a cinco millas de Almerimar calma chicha, tres horas para avanzar una milla, finalmente viendo que la meteo auguraba una calma prolongada decidí coger el toro por los cuernos, enfundarme el traje de neopreno, aletas, cuchillo en ristre y al agua, bajo la atenta mirada de
Aitor y
Rufino, que como siempre se porta de maravilla en los momentos difíciles. Joer que fría está el agua de la costa del Sol y de la luz, en cuanto salté pr la popa, con precaución de que el casco no me arrease un coscorrón, cosa que si lo analizas es difícil de que ocurra ya que con el paso de las olas tu subes y bajas con el barco, al final ni cuchillo ni nada, quitar media docena de vueltas de la escota con la mano y problema solucionado. A toda máquina hasta el Club de Mar de Almería de sobra conocido para el Bahía las Islas.
Concluyendo, como ya dije anteriormente, estos avatares náuticos sirven de buena manera para no ir de gallo bilbaíno y recordarte que con los elementos desatados no eres más que una mierdita que flota y que a la mar sin tenerla miedo hay que darla todo el respeto posible sin dejar nada al azar. Agradecer además a que tengo unos amigos y tripulantes que de vez en cuando me acompañan, una y otra vez, aunque sean en las condiciones más difíciles. También me siento orgulloso de mi
Bahía las Islas, que a pesar de los maltratos que a veces le damos sigue comportándose como un campeón, sin romper nada.
En unos días seguiremos con la travesía hacia Valencia, ahora a disfrutar del buen clima que veníamos buscando y de unas birras con los cofrades tabernarios.
Salud y

para que no os atragantéis con el tocho que he escrito a conciencia y no olvidar que somos humanos
