El motor subió violentamente de revoluciones y al aproarse el barco a viento y marejada tuvimos que agarranos de lo violentos que eran los pantocazos, los golpes de mar nos pasaban por encima y el agua salada corría por todo nuestro cuerpo aunque eso no importaba nada,ni lo sentías nuestra única preocupación era que no volcasen las cestas que contenían los anzuelos y que se moviesen lo menos posible si estos no salían bien, si no salían en su orden podías coger el anterior en vez del que realmente tocaba y entonces el otro anzuelo salía disparado llevándose por delante y clavándose en lo que encontraba en medio,normalmente una mano.
Esas noches era cuando había líos de ese tipo por eso protegíamos las cestas con nuestros cuerpos tan bien como podíamos.
Al aviso de patrón comenzó la largada y mientras el hombre de popa sujetaba la madre y avisaba al patron,avante,para,avante el otro y yo encarnábamos los anzuelos como dos posesos esto no parece muy complicado,¿verdad?,pero imaginaros por un momento dentro de una especie de batidora con las manos medias congeladas y anzuelos por medio saliendo a toda velocidad.....yo a veces tenia que parar de encarnar para meter una bola o una piedra según tocase o según mandase el patrón pues no siempre se largaba igual dependía de la profundidad de lo que corrían las mareas del tipo de fondo, recuerdo una vez que un par de anuelos engancharon al de popa, al largador el primero se le clavo en el brazo y el se aferro a el con las dos manos y el segundo en una pierna cerca de la ingle y ese seguía tirando aunque el patrón dio atrás toda, parecía que el motor iba a reventar y el gritaba como un animal, llegue justo a tiempo de cortárselos el ya estaba intentando tirarse al mar,es curioso en el mar tendría una muerte segura pero sin embargo antes de seguir soportando aquella tortura se tiraria al mar sin pensárselo, unos años mas tarde estando yo en su puesto y al clavárseme a mi un anzuelo, lo comprendí.
Aquella noche gracias a dios no paso nada raro y el aparejo salio bien, como estábamos cerca del puerto,la noche era mala y habíamos acabado antes de lo previsto pues como el patrón había escuchado un aviso de peor tiempo a los barcos mas grandes no habíamos largado mas que mitad del aparejo e iríamos a tierra a guardar el resto de la carnada en la cámara y a pasar unas horas en el bar del puerto calentando cuerpo y alma.
Sobre las siete de la mañana entramos en puerto y asta las nueve no volveríamos a salir, metimos la carnada sobrante en la cámara de frío y nos dirigimos inmediatamente al bar del puerto donde ya había otras tripulaciones que habían tenido la misma idea o que ya no habían salido ante el mal tiempo reinante aquella fría y oscura noche de diciembre aunque se acercaba la Navidad y eso hacia que el mal tiempo fuese menos malo.
Continuara...
