Al objeto de satisfacer mejor a su señora en la cama, contrató a un señor de la tribu africana Mandinga con el único propósito de que les estuvieran abanicando mientras yacían en la cama.
A los veinte minutos de intentarlo, y viendo que la señora no parecía estar disfrutando mucho, le pidió el esposo al Mandinga que cambiaran su cometido.
Cuando el esposo, que ahora movía el abanico, comprobó como se contorsionaba y lo muy requetebien que se lo estaba pasando la señora, le dijo al Mandinga:
¿Lo ves, picha?, como abanico yo?,
¡¡¡ si es que no sabes ni abanicar !!!


