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Antiguo 30-12-2013, 14:48
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Predeterminado Re: Grandes navegantes que casi nadie conoce

Así, un ingenio de unos 25 metros de eslora cargado hasta los topes, sólo pesaba 20 toneladas y calaba un metro.
No los construían en serie ni con planos y cada barco era diferente según fuera su constructor, pero obedecían a cuatro reconocidos diseños que podríamos llamar estándar.

El barco insignia y orgullo de flota vikinga era el barco dragón el gran drakar que medía unos 48 metros de eslora y 8 de manga. Tenía una dotación de 300 guerreros 72 de los cuales eran remeros.





Un escalón más abajo con 30 metros de eslora con 6 de manga estaba la llamada nave larga (langskip) que era más versátil y más fácil de manejar pues servía tanto para las incursiones, con sus 200 hombres y sus 50 chumaceras, como para estibar 20 toneladas de carga.

Su más manejable y pequeño barco de guerra, el karve, tenía 21 metros de eslora 5 de manga y capacidad para 16 remos. Era el favorito de los jefes que lo utilizaban para ocio en los tiempos de paz.





Por último el knarr que era su único velero. Su profunda quilla le permitía un rumbo constante. Su casco de 16 metros de eslora por 5 de manga daba para transportar 15 toneladas; perfecto para el comercio y la exploración.



La marina romana que había copiado los avances náuticos cartagineses había desaparecido y Europa estaba sumida en el oscurantismo de la Edad Media por lo que la vela vikinga se supone que la desarrollarían los pueblos escandinavos sin ninguna influencia exterior.

En la típica nave larga el mástil medía 10 metros, lo suficiente corto para bajarlo con facilidad en caso de combate, pero eso lo compensaban ensanchando la vela hasta los 15 metros (recuerdo que la manga era de 6 metros).
Se la izaba en una verga y a veces se montaba otra inferior que la sujetaba. Esta vela la movían en todas las direcciones por lo que aprendieron a navegar de través o en contra del viento pero si se mojaban, ya que estaban confeccionadas con una lana gruesa y áspera, se volvían pesadas y difíciles de maniobrar.

También diseñaron quillas más profundas en forma de T para desenvolverse en mares adversos.

Su timón era un remo corto de ancha pala fijado en la aleta de estribor con un sistema que aseguraba que el remo girase; el timonel empleaba una caña perpendicular como los actuales timones de las embarcaciones menores.

De ahí proviene nuestra palabra estribor (o el starboard ingles). En el nórdico antiguo stýri = timón borða = plancha de madera, lado del timón.

En última instancia diseñaron un barco más fuerte y robusto para afrontar los peores mares posibles en busca de recaladas descabelladas y desconocidas.

Eran los hafskip. Haf significa océano y skip barco. Hecho con los mismos métodos de construcción pero con diseños para transportar a familias, hombres, mujeres y todas sus pertenencias y poder permanecer meses en la mar.

Tenían la obra muerta más alta, las cuadernas y las planchas más robustas. Esencialmente era un velero, pero tenían unas chumaceras en las aletas y amuras que se usaban para momentos difíciles en fondeaderos estrechos.

La cubierta de proa y popa estaban cubiertas dejando en el centro la bodega de carga que se cubría con pieles de buey encima de la que ponían el chinchorro.

Estaba en su casa cuando soplaban los violentos ventarrones del norte, cuando los demás barcos las pasaban canutas y buscaban refugio, el hafskip se deslizaba con seguridad entre los aullantes ráfagas de viento a considerable velocidad.

Se construían en dos formas: el amazacotado byrdingr de unos 12 metros de eslora para tráfico costero y el knarr, su navío oceánico por excelencia del ya hemos hablado.




En resumen que con estos barcos en su tiempo eran los dueños de los mares ya que con viento a favor podían recorrer casi 250 millas al día. Incluso a remo y a tutiplén eran capaces de alcanzar más de 7 nudos mientras los demás navegaban en castañas.

Estos eran sus barcos pero ¿cómo navegaban?

Se aventuraban osadamente, como los polinesios, a explorar lo desconocido y que luego lo repetían con el prodigioso conjunto de conocimientos acumulados a lo largo de siglos de vida náutica.

Ya hemos visto esto cuando hablamos de los polinesios: observaban mucho y lo asociaban a su situación : los cambios de vientos, las corrientes, el color y temperatura del agua su salinidad, las nieblas, migración de las aves, peces y ballenas… repito y tantas otras cosas que hemos olvidado en nuestras navegaciones.

Los Vikingos tenían unas artísticas veletas en proa y el tope del mástil para aprovechar mejor los vientos y corrientes de las que se servían.



Por ejemplo en un viaje a América, que colonizaron y descubrieron, aprovechaban la corriente de Noruega que subía hasta las Islas Lofoten y arrastraba los barcos en dirección a Islandia. Desde allí gobernaban al oeste y tomaban la corriente Irminger y luego al sur por la corriente de Groenlandia hasta tomar la corriente del Labrador que les impulsaba hacia el sur por la costa de América del Norte.

Por la noche se servían de la Polar porque al mantener un constante ángulo de 90º sabían que iban al este o al oeste y nadie que bajara por la costa de Escandinavia podía dejar de notar que la altitud de la Polar decrecería si iba hacia el sur y subiría si iba hacia el norte y así sabían con precisión midiendo la altitud cuán lejos habían navegado al norte o al sur.

También empleaban el Sol en sus orientaciones aunque en esas latitudes era algo complicado ya que en pleno invierno apenas se elevaba lo contrario que en verano que brillaba de día y de noche en un arco que les indicaba igual que la Polar si iban al norte o al sur. Inventaron tres instrumentos para gobernar con la ayuda del Sol : la tabla del Sol, la piedra del Sol y la tabla de la sombra del Sol.

La primera era un cuadrante de rumbo con el que tomaban una marcación del curso del sol a medida que subía por el este o se ponía por el oeste y así mantenían el rumbo comprobando la triangulación cada día.

En los días nublados o con niebla utilizaban la piedra del sol que era un cristal de calcita llamado cordierita. Cuando esta piedra se sostiene en ángulo recto hacia el plano de luz polarizada del sol, al instante cambia de amarillo a azul oscuro y así revelaba donde se ocultaba el sol. Es más también producía el mismo cambio de color cuando el sol se hallaba a 7º por debajo del horizonte, por lo que el navegante podía hacer observaciones después de la puesta de sol. Parece ser que la piedra la llevaban los patrones permanentemente atada al cuello.





También para establecer los rumbos utilizaban la tabla de sombra de sol que les determinaba la latitud. Era un disco de madera marcado con círculos concéntricos y en su centro tenía una vara vertical que daba sombra a un círculo determinado. Marcaciones hechas en días sucesivos les indicaba si debían virar al sur o al norte para recuperar el curso.





Así con esos barcos y esas técnicas navegarían por los mares y océanos durante siglos y el mundo occidental no vería marineros iguales hasta que la Edad Media entrara en el Renacimiento y el príncipe portugués Enrique el Navegante introdujera la época de exploración a finales del siglo XV.

Podría estar hablando un rato de sus exploradores porque aquí si tenemos nombres como Ottar que zarpó hacia el norte de la actual Noruega “para ver hasta donde llegaba” rodeó en Cabo Norte y se encajó en el Mar Blanco. Navegó hasta 200 kilómetros por encima del Círculo Polar y esto lo hizo en el año 870.

O de Gardar Svarvarsson, que descubrió Islandia, Flóki Vilgerðarson que definitivamente le puso el nombre por la que la conocemos y que en ese tiempo se convirtió en la única república totalmente libre del mundo.

O el ya nombrado Erik el Rojo que descubrió Groenlandia tras atravesar el pavoroso Atlántico Norte o de su hijo Leif, llamado “el afortunado” un excelente marino que realizaba transportes entre Groenlandia, Escocia y Noruega ,que se dice pronto, 1.800 millas por el paralelo 40 sin ver tierra que fue quien siguiendo las indicaciones de Bjarni Herjolfsson (que fue realmente el que descubrió América sin enterarse) navegó por la costa canadiense que bautizó como Vinlandia o su hermana (¡Vaya familia de navegantes!) que también navegó por esas aguas.

No quiero extenderme más . Dicen que una imagen vale más que mil palabras por eso quiero despedirme de esta referencia con un mapa de sus logros. ¡Increible!






Hasta otra referencia
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