En mi caso lo que no tolero es la prepotencia, la vagancia, las prisas y la cara dura. Por lo demás, no hay nada prohibido (excepto salir de la bañera de noche y sin estar atado a la línea de vida).
En mi barco se fuma, pero donde no moleste al resto. Hay vasos de cristal y, si se rompe alguno, se recoge y ya está. Si alguien quiere ir descalzo, que lo haga (aunque le advierto de los peligros si veo que no tiene experiencia).
Cuando alguien nuevo llega a mi barco para una travesía de cierta duración, siempre le advierto:
"Si no estás a gusto con nosotros, lo dices y te desembarco. Y... si no estoy a gusto contigo, lo digo y te desembarco". De momento no ha pasado nunca, pero es mejor que las cosas queden claras desde un principio. Por supuesto eso no vale para una travesía atlántica o similares, pero en ese caso ni se me ocurre embarcar a nadie que no sepa como se va a comportar.
En mi opinión hay demasiadas prohibiciones en el día a día de la convivencia social como para seguir aumentándolas en lo que debería ser siempre nuestro medio de disfrutar y hasta creernos (ilusos de nosotros) que somos libres mientras navegamos.
¡Ah! se me olvidaba decir que odio el ruido, sobre todo si es innecesario, como por ejemplo la música a "too cimbel", la verborrea continua y absurda y los gritos. Me parece una falta de respeto total hacia el resto de la tripulación.
Eso si; al que ronca le condenamos a la litera de proa
