Los que me conocen saben que me gusta saltar de un tema o personaje sin ton ni son, así que perdonadme.
Por eso dejo la Edad Media y me precipito al Egipcio Helenístico para hablaros de
Eudoxo de Cícico
Muchos preguntarán que quien fue este personaje y que tiene que ver con la náutica.
Pues mucho, tanto en la náutica y ¡sorpresa! como en la comida.
Eudoxo se llamaba de Cícico porque nació allí, en Cícico, que era una ciudad situada antiguamente en la costa de la actual Turquía y lo hizo en el año 150 a.C.
Era un navegante y geógrafo pero vamos a olvidar su historia vital hasta que entró al servicio del faraón Ptolomeo VIII para el que exploró el mar Arábigo y, de paso, empaparse de los detalles de la navegación faraónica, de su historia, de sus navegantes y sus técnicas
No nos vayamos a creer que en esa zona no se utilizaban los grandes barcos y que la navegación estaba lejos de su pensamiento: Cuando el dios egipcio viaja, lo hace en su barco solar al igual los faraones en tierra lo hacen por su río.
Hoy mismo puede verse junto a las la Gran Pirámide un barco de 43,4 metros de eslora y 5,6 de manga que fue desenterrado de la tumba de Keops que impresiona con sus cuatro mil y pico siglos en su quilla y que es posible que trasladara el cuerpo del faraón desde Menfis al complejo de Giza.
Como digo los egipcios tenían de antiguo sus barcos fluviales porque su nexo de comunicación era el cauce del Nilo y los canales que los faraones habían mandado excavar.
Bebieron de la mano náutica de los fenicios así que utilizaban sus técnicas de construcción , sus maderas así como la vela en los viajes al sur, remontando la corriente a veces contra el viento (la verdad es que pocas por el régimen de vientos) con una técnica que fueron con el tiempo depurando así que también costeaban por el Mediterráneo y, según el faraón que reinase, exploraban más intensamente nuevas riveras como Mentuhotep IV con su explorador Henu o la reina Hatshepsut que exploró el Mar Rojo allá por el 1.464 años a. de C. que por cierto en su templo hay un dibujo de una barcaza de 60 metros de eslora transportando un descomunal obelisco de 35 toneladas.
Luego la vida náutica de los egipcios de antiguo estaba muy viva y sus kebenit ya le hacían la competencia a cualquier otro barco mediterráneo; tan avanzados estaban que fue la única civilización que resistió por mar los ataques de los famosos, náuticamente hablando, Pueblos del Mar.
Bueno, en este contexto histórico marino vive nuestro personaje en la corte del faraón, quizás preparando otro viaje de exploración, cuando un extranjero que habían encontrado medio ahogado en una playa fue llevado ante el rey. Parecía ser que era el único superviviente de un naufragio pero lo curioso era que no entendían su raro leguaje.
Intrigado Ptolomeo ordenó que le enseñasen la lengua y lo trajesen de nuevo a su presencia para que al fin contase su historia.
(Todo este relato la cuenta Estrabón en su obra enciclopédica Geografía, una extensa obra de 17 volúmenes donde habla de todos los saberes de la geografía del siglo I.)
Una vez que los maestros hicieran su trabajo, el extranjero contó que procedía de la India desde donde había zarpado y perdido en la mar a causa de una tormenta. Sus compañeros habían ido muriendo de inanición y al cabo el barco se hundió definitivamente y agarrado a un madero llegó, al límite de sus fuerzas, a una desconocida playa desierta.
Terminó diciendo que en agradecimiento por el trato recibido estaba dispuesto a guiar hasta su país, puesto que era piloto, a una expedición con las personas que el rey dispusiese.
Por supuesto que nuestro Eudoxo se apuntó a la empresa ya que el cuento del desconocido le venía de perlas porque quería llegar a la India siguiendo el mapa de su admirado Eratóstenes (que sin tantas tonterías, sólo con su privilegiado cerebro y unos palos, dedujo en el año 255 a.C., la circunferencia de la tierra con un error menor que el 1%).
La situación comercial de la época era que se hacían trasacciones con los indios pero no directamente porque nunca se había intentado navegar más allá del puerto de Adén debido a los fuertes vientos contrarios del monzón.
Conocer la técnica de vencerlos sería un éxito porque se podría establecer un comercio directo y una puerta abierta nuevas exploraciones.
No cuenta Estrabón como se armó la expedición y como transcurrió la travesía y sus avatares pero lo cierto es que Eudoxo, con su navegante Hippalus y su rescatado piloto indio, llegaron a la India utilizando un desconocido viento monzónico de la zona (que actualmente se conoce como Hippalus) cambiante según fuera verano o invierno
Regresaron cargados de piedras preciosas, perfumes y especias entre las que se encontraba la que transcendería al trono de los condimentos: la pimienta.
Tan de moda se puso que fue considerado la de más valor comercial.
En el futuro Alejandría se convertiría, a costa de la pimienta, en el principal puerto comercial de Europa porque llegó un momento que la pimienta servía para todo y los romanos la considerarían imprescindible por lo que alcanzaría precios tan exorbitantes que se consideraba una forma de pago superior.
Ya sin guía, zarpó de nuevo para la India por la misma ruta y explorando la costa se dio cuenta que el plano de Eratóstenes era erróneo ya que la costa india no iba de oeste a este, sino de norte a sur por lo que la travesía sería más corta con rutas a puertos creados en el sur de la India.
Cargó su barco y regresó por una derrota diferente pero un temporal los apartó de la ruta y los apartó del Golfo de Adén empujándolo a la costa de África.
Bojeando por las costas desconocidas del levante de África se encontró con los restos de un barco que conservaba un mascarón de un caballo hecho de madera que le recordó a los hippoi mediterráneos .Dijeron los nativos que el pecio era de un barco que había venido desde el oeste.
Lo cogió y lo embarcó. Cuando al fin regresaron a Egipto comprobó la realidad de sus sospechas: el mascarón era de un híppoi ; y concretamente averiguó que procedía de la zona de Gadiria, es decir de nuestra Cádiz.
Entonces se le metió en la cabeza la circunnavegación de África.
Como muchas veces en la historia ha pasado, nadie apoyó económicamente la idea así que con sus propios recursos armó la expedición a fin de encontrar la ruta a la India rodeando el continente negro.
Finalmente zarpó de Cádiz según Estrabón
con un gran navío y dos chalupas parecidas a las que utilizan los piratas, embarcó a jóvenes cantantes, médicos y artesanos y zarpó rumbo a la India impulsado por un viento constante del oeste.
En su navegación de cabotaje hacia el sur por la costa africana pronto comenzaron las dificultades. Los vientos comenzaron a ser contrarios y la tripulación desistió del esfuerzo de remo, del constante sol y de falta de agua fresca por lo que pidieron desembarcar.
Al final embarrancaron sin posibilidad de seguir navegando.
Sin desanimarse, y con los restos, Eudoxo construyó un barco menor y siguió navegando hacia el sur pero vio que era imposible continuar con ese barco por lo que viró hacia el norte.
Cuando estaba ya en las aguas conocidas del río Lucus cerca de Larache en la actual Marruecos, desembarcó, vendió el barco y quiso obtener financiación del rey para una nueva expedición, pero fracasó.
Una vez en Iberia y según sigue contando Estrabón, Eudoxo seguía con la matraca de llegar a la India costeando África y consiguió , no se sabe cómo, armar otra expedición que zarparía inmediatamente.
No se tienen más datos si lo logró o nó o hasta donde llegó, pero de lo que no cabe duda es que era un gran navegante.[/size][/font]