
08-01-2014, 20:03
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Corsario
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Re: Grandes navegantes que casi nadie conoce
Monjes
Hemos hablado de los esforzados y admirados navegantes vikingos que se enfrentaron a los violentos mares del norte y los vencieron, pero cuando llegaron a Islandia o a las Feroe en el siglo VIII, ya los monjes habían estado allí.
- ¡Qué me dices! ¿Unos monjes navegantes?
Efectivamente; los monjes irlandeses que navegaban imponiéndose a sí mismos esa penitencia y ese exilio para encontrar nuevas tierras donde predicar la palabra de Dios.
Navegaban sin rumbo establecido como hemos visto en los polinesios “por donde Dios los quisiera llevar” siguiendo quizás el viento y las corrientes en unos barcos tradicionales de pesca irlandeses llamados curraghs fabricados con pieles de buey impermeabilizadas con grasa y manteca unidas al fin, mediante lazos, a un mínimo armazón formado por una trama de mimbres de sauce atados con crin de caballo a partir de una quilla. Completaban el barco añadiéndoles una cubierta de pieles en proa y unos baos, parte de los cuales eran las bancadas para los tripulantes, apoyados en puntales.

En la parte central se armaba un mástil, sostenido por dos burdas a cada banda y estay, en el que se envergaba una vela cuadrada, también fabricada con pieles que se sostenía por una verga superior aparentemente ineficiente pero, si así hubiera sido, no importaba porque confiaban su suerte a Dios como también es sorprendente que esta embarcación hubiera podido soportar las duras condiciones de esos mares.
En la regala tenían unas toleteras donde, si las circunstancias lo requerían, podían trabajar sobre los remos y en popa por la aleta de babor, trabajaba un remo con la pala más ancha haciendo de timón.

Aparentemente frágil el barco de sus expediciones, que tendría unos 15 metros de eslora, eran y son (porque sorprendentemente todavía se siguen construyendo) muy marineros ya que su extrema ligereza les permiten superar las olas fácilmente… ahora que otra cosa es , como dije, navegar en alta mar por las aguas del Atlántico norte. Así que algo tendría que ver la habilidad de sus tripulantes.
Lo cierto es que hay evidencias reales y escritas que llegaron a las islas Hébridas, Orcadas y las Islas Feroe como probablemente a Islandia, Groenlandia y Terranova como lo prueba el método de construcción de las chozas de turba que los arqueólogos han hallado.
En nuestras manos podemos tener hoy una copia de la Navigatio Brandani que es una obra que se convirtió en best seller medieval.

Este incunable de 1840 versos pretende ser la crónica de los viajes por mar de unos monjes buscando el paraíso terrenal o “la tierra prometida de los santos”.
El protagonista es San Brandán, Bréanainn, Brendan, Brandano, Barandán o Borondón según las versiones y naturalmente es una fábula; la típica hagiografía medieval sobre las bases de los libros de caballería: un viaje iniciático en busca de objetivo fantástico construido a base de muchas metáforas y etapas.
Pero al leer entre líneas vemos que describe cómo construyeron su currahg al que llamaron Trinidad, cómo eran los tripulantes, cómo describe perfectamente un iceberg, como eran las tierras que iban descubriendo como la tierra de la uvas, (que muchos piensan en el Vinland que antes vimos cuando hablamos del vikingo Leif Erikson que descubrió cuatro siglos después y que corresponden al actual Canadá), los vientos, las corrientes, la distancia recorrida, las cifras de sus rumbos y que por lo visto eran parajes conocidos anteriormente por otros eremitas como San Mernoc y Barrind.
El capítulo de más éxito medieval fue el encuentro con la ballena Jasconius así que lo voy a contar.
Cuando la expedición recaló en una pequeña isla para celebrar la misa de Pascua. Encendieron fuego y la isla se movió obligando a los asustados monjes regresar a su barco. La isla era una enorme ballena ;pero por divina intersección la ballena permitió durante los años siguientes que en su lomo se celebrara la misa.

Al final fue el libro de cabecera de los navegantes que querían aventurarse al interior del Atlántico copiando estas gestas que empezó con los vikingos y que yo sepa en 1976 lo intentó y consiguió el navegante Timothy Severín embarcado en una lancha a imitacón a un curragh.

Sobre el año 1100, sabio Honorio de Autun (digo sabio porque era sacerdote, geógrafo, teólogo, filósofo, bibliógrafo y cosmólogo) en su tratado enciclopédico Imago mundi de dispositione orbis habla de una isla perdida descubierta por San Brandán que si se la buscaba nunca se encontraba pero aparecía en muchos atlas de los siglos XIV y XV y hasta Colón la nombró en su último viaje transatlántico y rematando hasta había una crónica del siglo XVI que relataba hasta su conquista.

Nosotros lo contamos en el post 19 del siguiente hilo de Gerret:
http://foro.latabernadelpuerto.com/s...light=Borondon
Hoy sabemos que la isla no existe pero las increíbles navegaciones de estos monjes ocurrieron realmente.
Nos preguntamos que hasta donde llegaron en sus barquichuelos.
Hasta otra referencia
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