Pues en mi caso durante una guardia nocturna en medio del atlántico, estando a la caña y luchando con el cansancio para mantenerme despierto, recibí un golpe en la espalda. Como cuando viene un amigo por detrás y te da una fuerte palmada para darte un susto.
Pero los amigos dormían todos, y el susto fue cojonudo. Buscaba yo en la oscuridad el causante del gole, esperando ver emergir los tentáculos de algún monstruo marino de dimensiones considerables...

pero nada.
Al cabo de un rato adiviné un cierto olor a pescado, y por la mañana vi escamas en el traje de aguas, por lo que la conclusión final fue que se trataba de un pez volador que volvió al agua tras el impacto...