Me encanta el instante mágico en el que se largan las amarras. Aún arropado por los dos barcos que tiene en cada flanco, el velero ya está libre y listo para volar. El viaje comienza.
Al alejarse la tierra, allá por la popa, empiezo a notar una increíble mejoría en el ánimo, como si mi alma se fuera despojando de todos estos pensamientos turbios que nos envuelven cada día y no nos dejan ver la bellaza de las cosas. A cada milla que pasa por la quilla del velero, me siento más dispuesta a contemplar lo que me rodea. A no sentir prisas, a respirar más normalmente. El estres se disuelve. Las preocupaciones adquieren un sentido más razonable: el viento, las olas, el rumbo, el beneplácito de los diosos, de los cuales, en la mar, nos acordamos. Ya no importa lo otro.
Como Black Swan, pienso también en todos los navegantes que nos han precedido y que nos seguirán. Hay una cierta sensación de eternidad en el acto de navegar. Los barcos son más modernos, sí , pero las sensaciones, seguro, siempre serán las mismas.
Las percepciones del espacio y del tiempo cambian en la mar. El espacio del barco, aunque reducido, nos pertenece. Aquí están todas nuestras cosas, todo lo que nos rodea es conocido, tiene su función y su sentido. Fuera del barco, el espacio se ha vuelto infinito. Se ofrece para que cada navegante trace allí su ruta y encuentre su destino, para que cada marino se supere con la única ayuda de lo que, simplemente, dispone a bordo.
El tiempo también nos está devuelto, se puede por fin disfrutar de cada minuto, aprovecharlo para hacer cosas que realmente nos gustan: trimar el velamen para sacar algún nudillo más, escuchar música y disfrutar de cada nota, compartir una cerveza con un amigo o simplemente estar traquilo y bien. Curiosamente, no hace falta hablar. El silencio en el mar no es incómodo. El silencio es el mar.
Todo sabe a otra cosa. La comida, la lectura, la palabra...
Y por fin, la llegada. Siempre la islita aparece milagrosamente a la proa. Llega la promesa del descanso. Y también sabrá a otra cosa.
¿Existe acaso otra experiencia que mejor nos aproxime a la sensación de libertad?
