Ahora los 40 rugientes se han trasladado a la altura de cabo silleiro.
En Moaña, durante la semana pasada tuve que cambiar dos veces la mitad de las amarras de los golpes que daba el barco intentando desesperadamente "desatarse" del pantalan.
Afortunadamente el mio tiende a separarse, pero veo los que se aplastan contra el finger y más de un casco se va a quedar como el papel de fumar de tanto estres.
Un no brindis

por el cambio climatico.