Muchísimas gracias, Ana, por tus deliciosos relatos.
Claro que tienen alma. Y creo que es un alma conectada unas veces con la de su capitán, otras con la de su constructor. Supongo que se trata de un mecanismo de proyección de los que nos habló Sigmund Freud, pero este está generalmente exento de neurosis.
A medida que pasan los años y que aprendo cosas de la vida, tengo la impresión de que mi barco mejora: navega más suavemente, es más cálido en invierno, tiene menos aristas y te tunde menos si hay mal tiempo.
Tiene nombre de mujer. El otro día me sorprendí pensando que, probablemente y a estas alturas, la amaré siempre. ¡Qué cosas de pensar, con la que está cayendo!
