Yo creo que no tienen alma, ni las barcas ni los barcos. Ni las casas, ni las motos. Tampoco las plumas, ni objetos variopintos. Si me parece que el amor que alguien siente por algo, sea un barco o una casa, una barca o una pluma, una moto o un objeto variopinto puede quedar en él reflejado. Los armadores y armadoras que aman un barco, dejan en él muchas horas y esfuerzos. Y cuando navegan, observan cada movimiento que realizan los componentes que unidos dan forma al barco. Hay un lenguaje entre los elementos y el patrón/na. Una comunicación visual entre el capitán/na y su barco, entre el medio y el hombre. No sólo se comunica el barco, también el mar, el cielo, las nubes, la tierra. El navegante pasa a ser un elemento más de ese medio, está en armonía. Esa simbiosis entre el medio y el navegante, es más fuerte aún entre el barco y el patrón que forman uno para superar obstáculos, y disfrutar juntos de cada momento en el que están unidos. Y esa unión se comparte en tugurios como éste.
