Aporto mi pequeña experiencia:
Mi pareja y yo hemos vivido durante un año y medio en un Oceanis 390 (año 2011 y 2012 hasta octubre) en la costa de levante (Murcia). Y fue una excelente experiencia.
La elección del puerto es fundamental. La mayor parte del tiempo lo pasamos en el Yacht Port de Cartagena. El precio del amarre, 350 €/mes, incluía electricidad y agua (no superábamos los mínimos para facturar) y conexión a Internet (un poco floja, pero se agradecía). Estábamos a un paso del centro de la ciudad, en un sitio muy tranquilo, con marineros muy educados y muy profesionales. Y podíamos aparcar el coche junto al barco. Lo "peor" de aquel puerto era lo largo que se nos hacía salir a dar una vueltita navegando (problema de todos los puertos grandes, claro). Y lo difícil que era entrar y salir de nuestro amarre, que elegimos en un pantalán casi vacío por aquello de tener más tranquilidad (si no tienes vecinos, eso de amarrar de popa es más difícil). Y digo esto porque vivíamos en el barco, pero no perdíamos ocasión para salir a navegar.
El tema del frío se solucionaba muy fácil: al llegar al barco encendíamos un rato un pequeño calefactor eléctrico (nunca lo dejábamos funcionando si bajábamos del barco). A los 15 minutos el interior era muy cálido y acogedor. Entonces, con el termostato el cacharro se encendía y apagaba a ratos para mantenernos calentitos. No he conseguido esa temperatura en mi casa ni pagándole 200 pavos a Iberdrola por un mes de electricidad. Lo del calor es peor; no teníamos aire acondicionado. Pero cubrimos el barco entero con un gran toldo de Accastillage, y pusimos "fantasmas" en todas las escotillas que lo permitían. Se habría solucionado con un pequeño aire acondicionado portátil. Pero no somos muy aficionados a esos trastos.
Mientras tanto, alquilábamos mi apartamento, aunque la verdad es que era en los meses de verano en los que teníamos inquilinos. De este modo conseguimos ahorrar un poco.
Hay un detalle importante para mi; en el barco yo mismo hice muchas reparaciones y mejoras que tenían que ver con el confort (cambiar grifería, limpiar tanques de agua, cambiar luces, rehacer fontanería...). Ahora, en casa, no me atrevo a tocar nada por si la lío.
En fin, luego, por ahorrar un poco más en el amarre, nos cambiamos de puerto. Y ahí, de algún modo, empezamos a decidir que tendríamos que volver a casa. Así pues, nos marchamos a otro puerto que yo adoro, con una zona de navegación preciosa, muy acogedor y con muy buena gente. Pero con bares y discotecas tremendamente ruidosos



Ese verano, de 2012, fue un auténtico infierno. Porque, además, no pudimos hacer ningún viaje largo con el barco (cosas de la vida). Así que nos "disfrutamos" todo julio y todo agosto a golpe de "chumba chumba" hasta las 6.00 de la mañana.
Podíamos haber vuelto a Cartagena. Sí. Pero la almiranta dijo que ya estaba bien. Y bien estuvo.
Para mi vivir en el barco fue más barato que vivir en casa. Romanticismos a parte.
Lo que me resulta ahora caro es mantener el Oceanis para no vivir en él.

