Sólo los que nacimos en los principios de los cincuenta sabemos bien lo que significó el presidente Suarez en la vida de los españoles.
Vivimos en primera linea momentos complejos, y en esos momentos Adolfo Suarez tuvo el acierto de construir un refugio seguro donde pudimos recalar todos los navegantes (al menos temporalmente). Eso debería ser suficiente para honrar a un hombre en los momentos de la despedida. Quizás la historia, con mayúsculas, sepa valorar mejor su aportación. Ahora, merece al menos una travesía final tranquila y con el apoyo de muchos en la distancia.


