Pues sí. Este hilo me dio mucho que pensar en su día.
Vi, por una parte, lo sencillo que resulta achacar a la superpoblación una posición preeminente entre las causas. Aparentemente es axiomático.
Repasé cuántas veces alguien se ha propuesto reducir la población general preservando la existencia de una población en particular y de qué nivel de fervor o de fanatismo han alcanzado los que creían estar llamados a salvarse. Y me entró como frío.
Mis conclusiones fueron que, como ha pasado siempre, cuando se llega a una situación insostenible y de la que no se sabe cómo salir, se produce una revolución. Y los caminos por los que avanzan las revoluciones son desconocidos e inescrutables.
En la medida en la que nuestros hijos (por mi edad yo puede que vea el inicio, pero no el resultado) hayan sido educados como gente de bien, con cultura humanística, solidez moral y conciencia planetaria, los efectos de esa revolución serán mejores o peores.
Me temo que asistiremos a una guerra entre un fascismo renovado que pretenderá salvar no sólo sus posesiones, sino también el derecho a apoderarse de las de otros, y una masa desesperada y miserable que luchará por su vida. A través de la historia se puede observar quiénes han ganado siempre y cuáles son las consecuencias.
Ojalá se haya creado la cantidad suficiente de hombres buenos y conscientes como para frenar la ira infinita de los vencedores porque, si no, ¡vae victis!
