Con mi actual esquife, propulsado principalmente a vela, choqué de forma espectacular contra un 29r alemán tripulado por dos esforzadas señoritas que se quedaron a cuadros al ver su jarcia firme ensartada en mi botalón. El suceso fue navegando ambas embarcaciones a vela, dentro de puerto y con un viento F4-F5 que se demostró que era demasiado para las capacidades náuticas de ambas tripulaciones. Según el RIPA, mi 14 pieses tenía preferencia. El entrenador de las alemanas aún se está riendo; no hubo daños ni materiales ni personales, más allá de las autoestimas heridas.
Con mi anterior bote, propulsado a motor, dos embarrancadas sobre rocas de las que velan. Embarrancadas de las de bajarse del bote y empujar a pie hasta sacarlo.
