Después, la cena "en los barcos" se convirtió en toda una visita etnográfica y cultuaral a Castro. ¡IMPRESIONANTE! el ambientazo de este lugar.
Antes de cenar, hizimos un reconocimiento de la zona y los ojos se nos empezában a poner así
La cena, en La Marina, estuvo muy bien, y de allí al reconocimiento nocturno, no pasaron ni 5 minutos.
Para no empezar por ruta errónea, comenzamos en el Faro, bien iluminados, lugar con cierto empaque, empezó a dejar huella. Allí empezaron las primeras y grandes risas de la piratería, alegría, buen rollito muy bien llevado, y unos anfitriones estupendísimos, que desde aquí quiero agradecer su acogida y atención recibida. Estuvieron pendientes de nosotros toda la noche... ¡menos mal!
Después de las primeras horas de asombro

, y superación de las costumbres cotidianas

, el ambiente en las calles de Castro no decaía, sino todo lo contrario. Aquello se ponía cada vez más interesante.
Las risas que puede echarme con algunos cofrades fueron magníficas e inesperadas. Qué bien lo pasamos.
La cuestión es que acabamos en un zoo, en la caseta lo los osos Koalas:
¡Menudo lugar! Allí

y

de todo, el camarero se

sobre la barra, para agradecernos su visita o porque le gusta el tema musical que estaba sonando en un viejo gramófono...
¡Menudo sitio Os lo recomiendo.
Gracias de nuevo a los anfitriones, fue un lugar cálido, agradable y cercano.
Allí

un buen rato, y también

,

,

,

,

,

, etc. etc. Un lugar recomendable.
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